Análisis La Reserva Federal de Powell: moderación y continuismo

Manuel Balmaseda es economista jefe de Cemex


Jerome H. Powell se convertirá el próximo mes de febrero en el decimosexto presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos (FED) en sustitución de Janet Yellen. Una vez decidido a no renovar el mandato de Yellen, y a imprimir su sello propio al banco central, el presidente Trump ha optado por un cambio mínimo a la cabeza de la institución, descartando a los candidatos que se habían barajado con anterioridad y que hubieran supuesto cambios más radicales. Powell, miembro de la junta de gobernadores de la Reserva Federal desde 2012, era la elección de menor riesgo y una apuesta por la moderación, la previsibilidad y la continuidad de la política monetaria que ha venido implementando la Reserva Federal desde la Gran Recesión. Pero, al mismo tiempo, Powell es un republicano moderado, con amplia experiencia en el sector privado y, a diferencia de Janet Yellen, defensor de suavizar la regulación en el sector financiero, una de las promesas electorales del presidente Trump.

En las últimas décadas ha habido dos clases de presidentes de la Reserva Federal: personalidades dominantes, como Paul Volcker y Alan Greenspan, cuyas opiniones sobre la inflación y las tasas de interés dominaron la visión de los Bancos Centrales desde la década de 1980 hasta mediados de los 2000, y líderes que han basado su fortaleza en su capacidad para conjugar consensos, como Ben Bernanke y Janet Yellen, que han “democratizado” el proceso de toma de decisiones de la FED, reduciendo el peso específico del Presidente.

La Reserva Federal del presidente Powell, si sirven de muestra sus casi 40 años de trayectoria profesional en el gobierno, la abogacía y la banca de inversión, será muy parecida a la de sus dos predecesores inmediatos. Si hay algo que caracterice a Jerome Powell es su capacidad para generar consensos, como reconocía el presidente Bernanke. Jerome Powell “es un jugador de equipo”, que sabe asumir como suyas las decisiones de la mayoría. A pesar de ser uno de los impulsores de la reducción de los estímulos monetarios, en las 44 reuniones del Consejo de la Reserva Federal en las que ha participado nunca ha votado contra la opinión mayoritaria.

Respecto a la política monetaria, el presidente Powell mantendrá el enfoque gradualista de subida de tasas de interés iniciado por la FED y de reducción pausada de su balance, si bien estaría dispuesto a mantener un balance final algo más elevado. El continuismo en la gestión de la política monetaria está siendo muy bien recibido por el mercado, al que no gustaba la incertidumbre que conllevaría un cambio más radical en el liderazgo y, por ende, en la dirección de la Reserva Federal. Asimismo, el gradualismo en la subida de tasas de interés, que haría que se mantuvieran relativamente bajas durante un largo periodo de tiempo, también es visto con buenos ojos por la Administración Trump en la medida en que impulsa la actividad económica, manteniendo el desempleo en mínimos, y sustenta los niveles récord de los mercados bursátiles.

El sostenido crecimiento económico y la baja tasa desempleo en un entorno de reducidas presiones inflacionistas avalan la defensa del gradualismo en la subida de tasas. Sin embargo, el riesgo de que los niveles excesivos de liquidez y las bajas tasas de interés estén fomentando la formación de burbujas de activos a los que la Reserva Federal tenga que reaccionar en un momento dado son argumentos a favor de la normalización paulatina de las tasas y, especialmente, de la necesidad de preservar la independencia de la institución. En estas circunstancias, Powell, al igual que Bernanke y Yellen con anterioridad, seguirá defendiendo la independencia de la Reserva Federal para responder de forma objetiva y decidida ante una nueva crisis económica y ante inesperadas amenazas a la estabilidad financiera.

Ahora bien, a diferencia de sus predecesores, Powell no tiene una licenciatura en economía. Será el primer presidente de la FED desde finales de los años 70 que no la tenga. Ello no debería ser óbice para dirigir satisfactoriamente la institución. Ha sido gobernador durante los últimos cinco años y, por tanto, partícipe de las difíciles y controvertidas decisiones que ha tenido que tomar la FED en este periodo. Además, el entendimiento de la coyuntura económica y el impacto de la política económica sobre la actividad han sido determinantes durante su pasado profesional, tanto como supervisor y regulador del sector financiero en el Tesoro de Estados Unidos como en la banca de inversión. En cualquier caso, es probable que se apoye relativamente más en los economistas de la FED que sus predecesores, dándoles incluso más relevancia de la que ya disfrutan. Asimismo, Powell podría ser menos dogmático y tener una actitud más flexible que Bernanke o Yellen, doctores en economía, respecto a algunos temas de viva actualidad y que generan un intenso debate económico con posturas bastante encontradas entre los “economistas”, como, por ejemplo, hasta qué punto la baja tasa de desempleo actual conduciría inexorablemente a un alza en la inflación.

En suma, el nombramiento de Jerome H. Powell como presidente de la Reserva Federal será percibido muy favorablemente tanto por la Institución como por el mercado. Powell era el candidato más continuista de los considerados, defensor de mantener el enfoque gradual de la política monetaria. Además, no solo conoce perfectamente el funcionamiento interno de la FED y el plan en marcha para volver a la normalidad, sino que también tiene una gran experiencia tanto en el sector privado, particularmente en la banca de inversión, como en el sector público, como regulador y supervisor del sector financiero. Finalmente, Powell es favorable a relajar la regulación financiera, lo que le convierte en un aliado muy importante para la Administración republicana en un puesto clave.

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