Mario Noya, sobre la exposición Auschwitz. No hace mucho. No muy lejos

Auschwitz. No hace mucho. No muy lejos. Centro de Exposiciones Arte Canal, Madrid. Hasta el 17 de junio. http://auschwitz.net/


Auschwitz. No hace mucho. No muy lejos conduce a ese punto en el mapa, esa mancha de fuego, esa mancha de cenizas que cifra el Holocausto en el imaginario occidental. Auschwitz evoca en los judíos la Shoá (“devastación”), en los gitanos el Porrajmos (“devoración”), en los polacos la Zaglada (“destrucción”); e ignoro si en la lengua rusa le han cosido también un término formidable que compendie los indecibles sufrimientos que en esa mancha negra en el centro de Europa infligieron los nazis a sus hermanos de sangre soviéticos.

Auschwitz... da cuenta de qué fue Auschwitz y de qué Europa condujo a Auschwitz. Una Europa saturnal que se devoró a sí misma, víctima de sus propias criminalidades, algunas de ellas diríase que indestructibles: he ahí el antisemitismo aberrante, que seis millones de judíos asesinados después, en la Europa de Auschwitz y Birkenau y Treblinka y Sobibor y Majdanek, no sólo no se extingue sino que se exhibe arrogante cuando luce los ropajes estridentes de la israelofobia, que alimentan sin vergüenza tantos partidos políticos y medios de comunicación de referencia.

Auschwitz... aporta un amplio contexto histórico instructivo. Pero como no hace la menor alusión a las pavorosas Tierras de Sangre en las que estaba enclavado el complejo infernal del comandante Rudolf Hoess, presenta aquí una carencia notable. También me llamaron la atención las que advertí en su por otra parte nutrida librería: no estaban La destrucción de los judíos europeos de Hilberg, La historia del antisemitismo de Poliakov, la Shoah de Lanzmann en la exigua sección audiovisual; ni el En nombre de Franco de Arcadi Espada (y en este último caso no consigo dejar de pensar mal).

La organización en un primer momento aconsejó dedicarle 90 minutos. Luego optó por las tres horas. Yo estuve tres horas y media y me faltó tiempo. Quizá haga falta una mañana o una tarde enteras. Puede que más de una atenta visita a esta exposición extraordinaria que de ninguna de las maneras agota el tema sino que ha de servir de acicate para atreverse a conocer lo peor de un pasado tan reciente.

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Pensad que esto ha sucedido, pidió no hace mucho, no muy lejos, Primo Levi, recluso 174489 del complejo de Auschwitz: los que vivís seguros/ en vuestras casas caldeadas./ Los que os encontráis, al volver por la tarde,/ la comida caliente y los rostros amigos, imponeos el deber de no olvidar lo inolvidable.

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