Obituario En recuerdo de Carlos Robles Piquer

La de Carlos Robles Piquer ha sido una intensa vida dedicada a sus dos grandes pasiones: España y su familia. Una vida incansable y ejemplar de entrega y de trabajo sabiamente aprovechada en beneficio de España, de la que también ha sido un leal servidor.

Para los que no hayan conocido ni a la persona ni al personaje, que serán pocos, al menos entre los que alguna vez se hayan interesado por la vida política y cultural española, hay que decir que Robles Piquer ha sido, ante todo, un español y un hombre de bien. Para enseguida añadir entre sus mejores rasgos el de la amistad. D. Carlos ha sido un buen amigo de sus innumerables amigos, destacando además por su humanidad, su bonhomía, su auctoritas y, siempre, su sentido del humor.

Como él mismo explicaba en sus extensas Memorias de cuatro Españas. República, Guerra, Franquismo y Democracia (2011), su principal deseo en esta vida ha sido el de “contribuir desde la experiencia a la mejor comprensión de la actual realidad histórica de España”. A ello dedicó toda su vida profesional y política. A lo que se añade un segundo aliento personal y explícito: el del amor, lealtad, admiración y gratitud hacia su mujer Elisa Fraga, compañera principal de su aventura.

Doctor en Derecho y licenciado en Filosofía y Letras y en Ciencias Políticas y Económicas, diplomático de carrera por vocación hispánica, su otra pasión fue la política. Además de pasar por numerosas embajadas (Colombia, Libia, Chad, Italia, Malta) y consulados como Nador, su actividad estuvo siempre ligada a la vida pública española. Fue director general de información y de Cultura Popular y Espectáculos entre 1962 y 1969. En 1975 juró el cargo de ministro de Educación y Ciencia en el primer Gobierno de la Monarquía, lo que le pareció “el más alto honor recibido en mi larga vida”. Secretario de Estado de Asuntos Exteriores entre 1979 y 1981, con Adolfo Suárez (en este punto es justo reconocer y destacar su papel en la “Comisión de Secretarios de Estado y Subsecretarios” constituida en el golpe de Estado del 23F de 1981, que funcionó como gobierno provisional y fue decisiva para rescatar la entonces naciente democracia). Fue también director general de RTVE y desde 1982, en estrecha relación con Manuel Fraga, coordinador general de AP (hasta 1989) y, sucesivamente, diputado de la Asamblea de Madrid, senador en la II y III legislaturas y diputado en el Parlamento Europeo desde 1986 hasta el 2000.

En todas sus valiosas ocupaciones siempre le guio la misma preocupación, España, y por ende el construir una alternativa liberal-conservadora de centro y reformista capaz de alcanzar el gobierno y enmendar las políticas de los gobiernos socialistas. A ello se aplicó con insistencia como parlamentario. Buena prueba son los muchos escritos y programas políticos en los que directa o indirectamente participó, promovió o de los que es autor, entre los que cabe citar “La botica del mamut”“Cuba, 1980”“Europa, pequeños y largos pasos”“Cánovas y la vertebración de España”, o su tardía tesis doctoral “Europa y el drama de África”. A este respecto, no quiero dejar sin subrayar el amor que Carlos Robles Piquer profesó a la literatura, al libro y al mundo editorial, que reluce en toda su trayectoria y que tuve el honor de vivir siendo él presidente de la Fundación Cánovas del Castillo, cargo que ocupó hasta su fusión en la Fundación FAES en el año 2003, de la que ha sido patrono y amigo.

Don Carlos, como con cariño y respeto le decíamos todos los que le hemos tratado y trabajado, vivió una vida apasionante, plena de servicio a España, de fe cristiana y amor a su gran familia. Una viajada vida en la que supo representar con orgullo lo mejor de nuestra vieja nación desde sus cargos diplomáticos y políticos. Una vida a la que dedicó numerosos libros y escritos siempre con la preocupación de las vicisitudes de nuestra nación y su convencimiento de que “España no puede fragmentarse en paz o por las buenas”. Dios quiera que sea así y que ya le tenga junto a él. Lo dicho, ha muerto un español de bien, un valioso diplomático, un gran amigo y un mejor patriota.


José Manuel de Torres, director de Publicaciones de la Fundación FAES

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