Reseña de Miquel Porta Perales El desafío de la hora presente

La flecha (sin blanco) de la historia, de Manuel Cruz
Barcelona. Anagrama. Septiembre, 2017. 224 págs.
ISBN: 978-84-339-6415-1


Una parte de la extensa obra de Manuel Cruz –catedrático de Filosofía Contemporánea en la Universidad de Barcelona– versa sobre la substantividad y función de la filosofía y el filósofo. Para nuestro autor, la filosofía y el filósofo “dan que pensar”, “hacen pensar”, “le buscan las vueltas a las cosas”. Ello implica una actitud escrutadora e interrogadora –una disposición crítica– frente a la realidad. Al respecto, bien podría hablarse de una filosofía mundana que se percibe en títulos como ¿A quién pertenece lo ocurrido?; Hacerse cargo; Cuando la realidad rompe a hablar; Las malas pasadas del pasado; Menú degustación; Amo, luego existe; Adiós, historia, adiós. Ensayos que no pierden el mundo de vista –Manuel Cruz ha devenido, sacando a colación sus colaboraciones en la prensa digital, el “filósofo de guardia” que discurre sobre lo que sucede a nuestra alrededor– y tratan de la acción, la responsabilidad, la ciudad y, si se tercia, del teléfono móvil, el parque temático, la prensa del corazón o el nacionalismo catalán. Cosa que no impide que nuestro ensayista reflexione también sobre cuestiones más “filosóficas” como la naturaleza humana, la ontología del presente, el sujeto, la memoria, el recuerdo, el conocimiento, la modernidad, los discursos emancipatorios, la historia, la ética o la identidad.

En cualquier caso, Manuel Cruz práctica –con ironía, si conviene– la duda como fundamento. Y pregunta más que responde. Por decirlo en sus propias palabras: el filósofo es “alguien que contesta siempre a una pregunta con otra pregunta”. Aunque, no solo eso: el filósofo también propone. O, por mejor decir, ayuda a “determinar la jerarquía de los acontecimientos, el orden de los valores, así como las zonas de sombra, los límites que en cada momento la humanidad ha ido percibiendo, no siempre con acierto, como infranqueables” (Menú degustaciónLa ocupación del filósofo, 2010).

Todo ello, esa manera de filosofar, pensar y discurrir sobre el presente, se advierte en el último ensayo de Manuel Cruz, que ha merecido el XVII Premio de Ensayo Miguel de Unamuno 2016, titulado La flecha (sin blanco) de la historia. Un trabajo en donde la reflexión del filósofo se mueve entre el retorno del pasado y la derrota del futuro.

El retorno del pasado, porque el auge de la reivindicación de la historia/memoria que hoy está en boga –la memoria que enseña, la memoria que legitima, la memoria que repara, la memoria que cura, la memoria que libera– conduce a una mitificación y mistificación del pasado al servicio del presente con el objetivo de culminar un ayer fallido que no siempre es recomendable alcanzar o consumar. Así se cierra o derrota la posibilidad del futuro en beneficio de un pasado –“felizmente incumplido”, señala el autor– que merecería ser clausurado. Frente al “regreso al pasado”, Manuel Cruz reclama el debate sobre el futuro con la siguiente divisa: “No se trata de recordar más, sino de vivir mejor”. ¿Para qué? En primer lugar, para que no se nos escapen “definitivamente de las manos las riendas de nuestro destino” como si de una “condena inapelable” se tratara. En segundo lugar, para que no se consume la “derrota del futuro” por “incomparecencia de ningún sujeto dispuesto a hacerse cargo de ellas [las posibilidades del futuro] para materializarlas en una dirección satisfactoria para todos”. ¿Una dirección satisfactoria para todos? Responde: “Justa y equitativa”.

Para recuperar el futuro o la idea de futuro, para zafarse del pasado que acecha, para liberarse de quienes afirman que el mundo no puede cambiar porque es natural que las cosas sean como son y estén como están; para todo ello, Manuel Cruz, consciente de la crisis de los grandes relatos emancipatorios –lean comunismo y socialismo– y de la quiebra de las ideas de Sujeto, Hombre, Historia o Progreso –hay algo de postmoderno en la reflexión de nuestro autor–, remite a la contingencia, la utopía y la crítica del capitalismo. Y, finalmente, a la polis.

Sucintamente, la contingencia o la libertad de maniobra de un sujeto –en minúscula– para entrometerse en el presente y participar en su administración y desarrollo; la utopía –en minúscula y disociada de los grandes relatos emancipatorios y del adanismo y los populismos recientes– entendida como motor del cambio –“ni todo está garantizado de antemano, ni es cierto que no haya nada que hacer”, dice– contra el derrotismo, el abandonismo o el victimismo; la crítica de un capitalismo que –se trata de “poner encima de la mesa la hipótesis”, advierte– cree “incompatible” con la “vida buena”. El telón de fondo: la polis que nos convierte en ciudadanos y posibilita la convivencia “libre y organizada entre hombres diferentes”.

Manuel Cruz –conviene añadir que en el libro se esparcen pequeños ensayos sobre el trauma, el Holocausto, la victimización, la subjetividad, la metáfora, el conocimiento y la tecnología, el azar, la espectacularización de la política o esa “dama de compañía” en que se han convertido algunos políticos que rehúyen su responsabilidad–, como buen filósofo, cavila, analiza, pregunta y formula hipótesis. E invita a pensar, porque algunos análisis, propuestas o sugerencias –la función de la historia y la memoria, el papel del ciudadano y el Estado, la administración del pasado, el presente y el futuro, la utopía, la democracia o la relación entre el capitalismo y la vida buena– se prestan felizmente a la discusión y el debate. O al consenso de la polis. El ensayo, escrito desde una perspectiva de izquierda reformista –reforma sobre la reforma: eso sería la utopía–, convoca a liberales y socialdemócratas.

Manuel Cruz, en Las malas pasadas del pasado (2005), reconocía “la envergadura de los desafíos de la hora presente”. De ese desafío habla el filósofo –sin complejos ni añoranzas, eludiendo el azar o la fatalidad, sin concesiones a una historia o una memoria de la cual se busca sacar tajada en beneficio propio– en un libro que pregunta si la flecha de la historia vuela por el tiempo con rumbo o sin él. Y, como señala el autor, “bien mirado, el presente texto por entero no hace otra cosa que trasladarle al lector esa pregunta”. Se decía al inicio: el filósofo “da que pensar”, “hace pensar”, “le busca las vueltas a las cosas”. Aristóteles: “Seamos con nuestras vidas como arqueros que tienen un blanco”. 


Miquel Porta Perales es crítico, articulista y escritor

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