Análisis Elecciones británicas: Theresa May pierde la mayoría

José Ruiz Vicioso. Master en Historia del Pensamiento Político, Universidad de Exeter.

Las elecciones generales celebradas ayer en el Reino Unido abren un periodo de inestabilidad política determinada por la falta de una mayoría suficiente para la formación de gobierno (hung Parliament). Una situación que no parece la más deseable para el país, teniendo en cuenta que las negociaciones para la salida de la Unión Europea comienzan oficialmente el próximo 19 de junio.

Ante todo, las elecciones suponen el fracaso de Theresa May. Como señalamos en su momento, May decidió el adelanto electoral con el objetivo de reforzar su posición en un triple ámbito: en el plano internacional, para negociar el Brexit; en el plano nacional, para dotarse de una legitimidad democrática propia; y, en el plano partidista, para consolidar su liderazgo entre los Tories. Sin embargo, el adelanto electoral ha resultado un gran error estratégico: los conservadores han perdido la mayoría absoluta que tenían (319 escaños frente a los 330 anteriores), provocando un inesperado resurgimiento de los laboristas, que son los grandes ganadores de la jornada (suben nueve puntos en porcentaje de voto y ganan 29 escaños respecto a 2015). La nota positiva quedaría en Escocia, donde el independentismo retrocede sustancialmente y gracias a Ruth Davidson los conservadores logran una representación sin precedentes en las últimas décadas.

May, que planteó las elecciones en clave personal –“todo voto para mí es un voto para un liderazgo fuerte y estable”–, no ha logrado refrendar ese pretendido liderazgo, ni la posición de hard Brexit que ha mantenido desde que llegó a Downing Street. A falta de estudios sociológicos que expliquen el comportamiento electoral de estos comicios, todo parece indicar que los resultados se deben a dos factores principales: por un lado, May no habría logrado movilizar a los muchos votantes del Brexit que sí votaron en el referéndum pero que no participan en los procesos electorales ordinarios. Por otro, habría sido Corbyn, con su estilo sosegado y cercano, el que ha capitalizado la inmensa mayoría del voto joven (que forman una coalición de electores anti-austeridad y pro-europeos) y no los Liberal Demócratas, como podía haberse esperado. En este sentido, la brecha entre mayores y jóvenes, zonas rurales y áreas urbanas se mantiene, según muestra la distribución del voto.

En consecuencia, aunque la suma de escaños del Partido Conservador (319) y del Partido Unionista de Irlanda del Norte (10) podría asegurar una ajustada mayoría de gobierno, el mensaje de las elecciones parece evidente: May sale muy debilitada (cuestionada tanto por su partido como por la oposición) y el Reino Unido como país se adentra en una etapa de incertidumbre en el delicado contexto del Brexit.

Por último, los resultados electorales plantean una serie de interrogantes cuyas respuestas se irán perfilando con los próximos acontecimientos: ¿será May capaz de aguantar la presión de sus propias filas, manteniéndose como líder de los conservadores? En caso contrario, ¿qué figura reúne las cualidades de liderazgo y capacidad de negociación para sucederla? ¿Cuánto durará un gobierno sin mayoría en un país que, como dijo Disraeli, “no ama las coaliciones” y en el que el último gobierno minoritario (año 1974) duró ocho meses? Y la más importante de todas, ¿qué tipo de Brexit habrá de negociarse ahora, una vez descartada en las urnas la pretensión hegemónica de May?

#Brexit #Reino Unido #elecciones #UE #Theresa May