Obituario Helmut Kohl, el canciller de la unidad

Roberto Inclán. Coordinador académico del IADG

A lo largo de la historia, el ser humano se encuentra ante sí con situaciones que condicionan el futuro de su existencia. Así, el escritor austriaco Stefan Zweig calificaba estos sucesos como momentos estelares de la humanidad, los cuales marcan un rumbo durante décadas o quizá siglos.

En la historia política reciente, uno de esos momentos estelares tuvo lugar el 9 de noviembre de 1989 en la ciudad alemana de Berlín. Aquel día se puso fin a 28 años de un muro que dividía la ciudad en dos, tanto física como ideológicamente, y que representó el comienzo del fin del régimen comunista en la Unión Soviética y en el resto de países del Este de Europa.

Este repentino cambio de escenario en la situación política europea fue una sorpresa para la mayoría de actores involucrados en él, y dejaba ante sí un vacío con muchos interrogantes por responder. La principal duda era saber cuál sería a corto plazo el futuro de la Alemania dividida y si sería posible integrar a la República Democrática Alemana en la República Federal. El reto, por tanto, no era menor, y los protagonistas de tomar las decisiones correctas en aquel momento debían estar a la altura de las circunstancias. Así, por medio de negociaciones internacionales se consumó la reunificación de Alemania en menos de un año, y el 3 de octubre de 1990 la República Democrática Alemana se adhirió a la República Federal.

Por ello, el éxito del proceso de unificación de las dos Alemanias, y la manera pacífica en la que se resolvió todo, tiene un responsable destacado, encarnado en la figura del canciller que gobernaba en aquel momento la República Federal, Helmut Kohl, fallecido el pasado viernes 16 de junio en su casa de Ludwigshafen (Renania-Palatinado) a los 87 años de edad.

Tan solo tres semanas después de la apertura de los pasos fronterizos en Berlín, Helmut Kohl presentó ante el Parlamento el itinerario hacia la reunificación de Alemania, un plan de 10 puntos conocido como el Protocolo Kohl. Además de la organización interna de la reunificación alemana, la política exterior de Kohl en ese período fue uno de los hitos más sobresalientes de su gobierno. La amistad con la Francia de Mitterrand, la reconciliación con Polonia y la buena relación con la Unión Soviética fueron sus aspectos determinantes.

Como canciller, Kohl desempeñó el cargo durante 16 años (1982-1998). Anteriormente había sido ministro presidente de Renania-Palatinado entre los años 1969 y 1976, cargo que abandonó para presentarse como candidato a las elecciones al Bundestag de ese mismo año. A pesar de ser el candidato más votado en estos comicios –48,6% de los votos frente al 42,6% obtenido por Helmut Schmidt–, no pudo contar con los escaños suficientes para formar gobierno, puesto que los liberales no le prestaron su apoyo.

A pesar de ello, Kohl se mantuvo como líder de la oposición hasta el año 1982, momento en el que accedió al cargo de canciller sin pasar por unas elecciones gracias la moción de censura presentada a Helmut Schmidt, cuyo gobierno había contado hasta entonces con el apoyo del partido liberal de Hans-Dietrich Genscher, quien decidió realizar un giro político y retirar el acuerdo de coalición existente con el SPD para dárselo a la CDU de Helmut Kohl.

En marzo de 1983 tuvieron lugar las elecciones que reforzaron la posición de Kohl en la Cancillería, al lograr una destacable ventaja frente al candidato del SPD, Hans-Jochen Vogel, y quedarse tan solo a seis escaños de la mayoría absoluta. A partir de esta victoria, la coalición formada por la CDU y el FDP fue la opción más votada en tres elecciones más –1987, 1990 y 1994– extendiéndose durante quince años, hasta que en 1998 no alcanzaron los escaños suficientes para formar gobierno, lo cual posibilitó la llegada al poder de la coalición entre el SPD y Los Verdes, liderados por el socialdemócrata Gerhard Schröder.

Además de la cuestión de la reunificación alemana, Kohl también tuvo otros aciertos importantes tanto a nivel interno como internacional. El primero de ellos fue su permanencia durante 25 años al frente de la CDU –desde su elección como presidente en junio de 1973 en el congreso extraordinario del partido en la ciudad de Bonn–, cargo en el que se mantendría hasta noviembre de 1998, dos meses después de su derrota en las elecciones al Bundestag frente a Gerhard Schröder. Kohl había accedido al liderazgo del partido con una clara división interna, tras dos derrotas electorales y cuatro años de gobierno de Willy Brandt. Paulatinamente, Kohl mejoró la cohesión del partido a nivel nacional, trayectoria que fue la base para su asentamiento e imagen renovada de la CDU como partido capaz de gobernar el país. Asimismo, Kohl puede ser considerado como el mentor de la primera canciller de Alemania, Angela Merkel, pues bajo su gobierno y liderazgo Merkel estuvo al frente del Ministerio de la Mujer y de la Juventud (1991-1994) y posteriormente en el de Medio Ambiente (1994-1998).

El segundo de sus aciertos fue la apuesta por la mayor integración europea y su decidido impulso de la firma del Tratado de Maastricht en 1992 y de la puesta en marcha del euro como moneda única, con el objetivo de lograr una unión económica y monetaria y hacer frente desde una posición de mayor fortaleza a otras divisas como el dólar.

Al margen de logros individuales, aciertos o posibles errores en su trayectoria política, Helmut Kohl mantuvo en todo momento una clara visión de Estado sobre el futuro de una Alemania unida y fuerte capaz de liderar junto a otras potencias europeas un proyecto común que aportase estabilidad y paz al Viejo Continente.

La experiencia de la II Guerra Mundial tuvo un papel relevante para Helmut Kohl. La muerte en combate de su hermano mayor lo marcó para toda la vida. También la división de Europa tuvo una gran influencia en la juventud de Kohl, que tenía apenas 15 años cuando terminó la guerra. Perteneció a la generación que no quería ver repetirse jamás algo semejante. La inmersión de Alemania en Europa fue una constante en su vida política. Con una notable capacidad de ligar la política con el simbolismo histórico, el conservador alemán estrechó la mano del presidente socialista francés François Mitterrand ante las tumbas de los soldados de la I Guerra Mundial. Kohl sentía la integración europea como una misión. Y por ello luchó vigorosamente por el euro con el objetivo de que la unidad europea se volviera irreversible.

Según Wolfgang Schäuble, su política fue moderada, integradora, confiable y predecible. La confianza en su persona y en Alemania, que él se había ganado en el mundo durante los años previos a 1989, fue lo que verdaderamente hizo posible la reunificación.


'La unificación alemana y la unidad de Europa', Kohl en La Revolución de la Libertad



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