Venezuela De la condena a la respuesta

¿Y ahora qué? Después de que Maduro consumara el domingo su golpe anunciado, en medio de un baño de sangre cuya verdadera dimensión todavía no se conoce, no quedan interrogantes con los que especular sobre una eventual rectificación de la dictadura chavista. Los interrogantes los ha ido despejando todos, uno por uno, el presidente venezolano sin ninguna sorpresa, sin ninguna apertura  a la esperanza de que un intervalo lúcido pudiera ofrecer alguna oportunidad en ese vértigo enloquecido hacia la autocracia sangrienta. La detención e internamiento de Leopoldo López y Antonio Ledezma, que cumplían condena en arresto domiciliario, llevada a cabo por el siniestro Servicio Bolivariano de Inteligencia, - que también mantiene literalmente secuestrado, entre otros, al opositor Yon Goicoechea- no hace sino expresar de la degradación represiva del régimen.

Si faltaba alguna, Maduro el domingo proporcionó la evidencia final de que las condenas de su régimen y de sus propósitos golpistas han tenido el efecto esperado, es decir, ninguno. Quien no lo vea, es simplemente porque no quiere; quién siga hablando de inverosímiles procesos de diálogo mirando a una oposición masacrada, víctima del golpe de Estado que aplasta su mayoría legítima en la Asamblea Nacional, simplemente hace el juego a Maduro.

España, entre otros países, ha anunciado que no reconoce las elecciones del domingo y la Asamblea Constituyente que se quiere derivar de ellas. En esa decisión, nuestro país concurre acertadamente con otros Estados latinoamericanos y Estados Unidos en el rechazo a la mascarada del régimen. No así la Unión Europa que declaraba ayer por medio de una portavoz no estar segurade que el proceso electoral del domingo haya sido legítimo.

Por tanto la pregunta que se impone es qué consecuencias conlleva que no se reconozcan la legitimidad de la Constituyente de Maduro; si hay una respuesta más allá de esta declaración, o si, por el contrario, el régimen venezolano conseguirá imponerse por la vía de hecho, es decir por la vía de la violencia y la represión.

Parece claro que hay trabajo que hacer en la propia Unión Europea. Primero para que Bruselas siga el camino marcado por España, salga de esas incomprensibles dudas y nigue reconocimiento alguno al golpe del domingo. Es necesario, además, que se abra la consideración de sanciones selectivas pero firmes sobre los responsables políticos y militares venezolanos que materialicen su aislamiento. En tercer lugar, España, y con ella la Unión Europea, deben  establecer una estrategia concertada de apoyo a la oposición democrática, ofrecer su aval y facilitar su resonancia, activando todos los medios diplomáticos y los instrumentos jurídicos, internos e internacionales, para conseguir la liberación de los presos políticos.

Existen dificultades para conseguir una posición unánime en Bruselas, pero no parece verosímil que las reservas de Portugal o Grecia, puedan condicionar de manera decisiva las decisiones de la Unión.

Una estrategia firme y bien diseñada de la Unión, que sólo será posible si España se emplea a fondo, permitirá coordinar posiciones con los países latinoamericanos que rechazan la Constituyente y permitirían un diálogo productivo con la Administración Trump.

Venezuela ha acelerado el paso hacia su transformación en una gran Cuba continental. La “cubanización” del país no es un horizonte disuasorio para el régimen sino la tierra firme a la que quiere llegar después de vadear a sangre y fuego la oposición de los demócratas y la miseria del pueblo. En una Venezuela convertida en la Cuba del continente es donde Maduro y sus secuaces se sentirían a salvo y a ese objetivo quieren llegar cuanto antes. La falta de consistencia y de continuidad en la política occidental hacia Cuba están teniendo este efecto perverso que alimenta las expectativas de Maduro. Al fin y al cabo, el régimen castrista  se beneficia de generosas condonaciones de deuda, simpáticos gestos de comprensión y crédito en una apertura inexistente, y hasta la Unión Europea ha concluido un acuerdo de cooperación del que ha desaparecido cualquier referencia reconocible que condicione esa cooperación al respeto a los derechos humanos o a las reformas democráticas.

No habría que insistir en la necesidad de reconsiderar seriamente el papel, ya grotesco, que están jugando las iniciativas de mediación en las que participa el ex presiente Rodríguez Zapatero. A propósito del traslado de Leopoldo López a su domicilio donde continúa su condena, un conocido periodista radiofónico, siempre deseoso de ajustar sus particulares cuentas, sentía la necesidad de elogiar los buenos oficiosde Zapatero atacando las  fanfarronadas de Aznar y su santa compaña.” “En España –decía- se habla mucho de los tontos útiles. Se debería hablar más de los listos inútiles.

Pero, aunque para algunos resulte lamentable, no es sólo Aznar. El ex presidente Felipe González afirmaba la semana pasada que la mediación de Zapatero había producido el efecto contrarioporque el número de presos políticos se había multiplicado por seis. También, la semana pasada el ex alcalde de Caracas, Antonio Ledezma, histórico socialista venezolano, rechazó ser visitado por Zapatero y le instó a que en vez de reuniones con opositores, visitara en el cementerio las tumbas de los muertos por la represión. En todo caso, esta debería ser la hora en que esos listos útiles”, que presumen de estar siempre en el lado bueno de la historia, nos ilustren con su ingenio y su bondad con ideas para ayudar de verdad a los demócratas de Venezuela y a un pueblo que está siendo aplastado con miseria y represión.

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