Análisis FAES Ataque yihadista

Los atentados de Barcelona y Cambrils son una atroz dosis de recuerdo de la amenaza a la que estamos expuestos como nación, como sociedad abierta y como parte del mundo occidental.

El yihadismo, de Al-Qaeda al Daesh, han venido singularizando su amenaza a España que ocupa un lugar preferente en las pretensiones de restauración califal del islamismo. El mito de Al-Andalus, tantas veces secundado de manera tan torpe en nuestro país, opera como un poderoso impulso ideológico de la “yihad” destructiva a la que convocan los predicadores del islamismo terrorista. Unas veces con vinculación directa a los centros de decisión de los grupos yihadistas, otras, movidos por la inspiración y el adoctrinamiento en círculos islámicos y en la red, células organizadas o “lobos solitarios” exhiben su pulsión asesina por cualquier procedimiento a su alcance.

No hay reproche que hacer a las fuerzas y cuerpos de seguridad. Su trayectoria en la prevención de la amenaza yihadista ha demostrado eficacia, capacidad de anticipación, y adaptación a las nuevas formas en que el terrorismo islámico se hace trágicamente presente en nuestra sociedad. La respuesta a los atentados de ayer precisamente confirman esa eficacia en los procedimientos de actuación y de investigación que han producido en pocas horas un considerable progreso en el esclarecimiento de los crímenes terroristas.

Hay que insistir en la prevención. Pero esta no consiste sólo en sembrar nuestras ciudades con barreras físicas frente a los vehículos asesinos. La prevención debe seguir siendo política y cívica y tiene que contraponer a la ideología criminal del yihadismo, el acervo cultural de nuestras democracias liberales, sin transacciones en la defensa de la libertad, de la igualdad ante la ley y de los derechos fundamentales. Y junto a la prevención, la coalición internacional debe ser apoyada en el esfuerzo político y militar para la derrota del Daesh, conscientes de que tenemos por delante un compromiso compartido que habrá de mantenerse en el tiempo, en Oriente Medio y en otros escenarios de la lucha antiterrorista.

España ha sido atacada en Cataluña, como antes lo ha sido Francia, Gran Bretaña y Alemania. Como lo fueron Washington, Nueva York y Madrid. Y España se encuentra amenazada, lo que es una constatación que debemos asumir con serenidad y con la confianza en los medios de que dispone el Estado para garantizar nuestra seguridad. Estamos amenazados por lo que somos, no por lo que hacemos o por lo que otros hicieron antes que nosotros. Y esta es una enseñanza que a estas alturas deberíamos haber interiorizado. El denominador común de los objetivos de los yihadistas –además de los propios musulmanes que se les oponen- no es una determinada política exterior que ha sido, y es todavía diversa, en Europa, ni una trayectoria histórica que también es diferente, ni un determinado modelo de integración de las comunidades musulmanas que difiere según los países. El denominador común que nos hace objetivo de los terroristas es el de constituir sociedades abiertas, basadas en la libertad personal, ideológica y religiosa, en la igualdad de todos los ciudadanos, hombres y mujeres, y en el reconocimiento de la autonomía personal dentro del respeto a la ley.

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