Reedición de la obra de Fernando Olivié La herencia de un imperio roto

Pedro Fernández Barbadillo es periodista, crítico y escritor

La herencia de un imperio roto. Dos siglos en la historia de España, de Fernando Olivié Marcial Pons, Madrid, 2016, 401 págs

Es una satisfacción que un libro que a uno le ha gustado, hasta el punto de recomendarlo y buscarlo en librerías de lance, sea reeditado. Es lo que me ha ocurrido con La herencia de un imperio roto, que por primera vez publicó Mapfre en 1992 con motivo del V Centenario y luego la Fundación Cánovas del Castillo en 1999. Descatalogado desde hace años, Marcial Pons ha lanzado una tercera edición. Su autor es el embajador de España Fernando Olivié, quien aporta a su libro no sólo su experiencia diplomática sino un amplio conocimiento de la historia de España. Muchas de las numerosas notas no son sólo referencias bibliográficas o citas, sino textos breves tan interesantes de leer como el texto general.

El libro comienza con el Tratado de Utrecht, que supuso no sólo la entronización de una nueva dinastía en España, sino la retirada definitiva de la condición de primera potencia europea. A España se le expulsó del mar del Norte y el canal de La Mancha, mientras que Inglaterra se convirtió en una potencia naval en el Mediterráneo gracias a la adquisición de Gibraltar y de Menorca. A partir de entonces, España tuvo que defender su imperio ultramarino de los ataques ingleses. Londres, destaca Olivié, impulsó la expansión de los EEUU recién independizados hacia el valle del Mississippi, entonces territorio español, en vez de hacia el Canadá (“monumento al talento político anglosajón”), y luego aprovechó las guerras contra los revolucionarios franceses y Napoleón para sentar pie en Sudamérica. La Nueva España, inmensa unidad política cuyos virreyes frenaban la expansión rusa en el Pacífico y la anglosajona en el Caribe, después de la emancipación estuvo a punto de ser absorbida por EEUU y se mantuvo en el subdesarrollo hasta hace pocas décadas. La atomización del Imperio español (de cuatro virreinatos a docena y media de repúblicas) interesó a los EEUU y a Inglaterra hasta el punto de que se opusieron al proyecto unificador de Bolívar.

Sin embargo, el tema central de La herencia de un imperio roto es la postración política de España desde la guerra de la Independencia hasta los Acuerdos con EEUU, firmados en 1953. En ese siglo largo, subraya Olivié, España perdió su imperio en América, pero, además, su soberanía nacional, porque Londres y París controlaban su política exterior y, en ocasiones, la interior. En opinión del autor, el fondo del pozo se tocó en la entrevista de Eu (Francia) en 1845, entre la reina Victoria y el rey Luis Felipe, en la que los monarcas decidieron con quienes se casarían la reina Isabel II y su hermana: “Nuestra historia, a partir de entonces, es la de un largo proceso encaminado a superar ese bache”.

Olivié, que atribuye gran culpa de la postración española a las rencillas interiores y a la falta de unidad de la clase política, explica que, desde la muerte de Fernando VII (1833), la única estrategia que pudo permitirse Madrid fue “forcejear entre Londres y París para suavizar el precio de esa doble influencia en nuestra vida pública”. En los siglos XIX y XX, los intentos de asociarse con el gran enemigo del Reino Unido y de Francia, la Alemania unificada, fracasaron. Y al terminar la Segunda Guerra Mundial España volvía a encontrarse, como en Eu, sola y sometida al eje París-Londres.

De esa supeditación salimos gracias a la alianza con Estados Unidos. A partir de 1945 se desencadenó la Guerra Fría. La URSS proseguía su expansión en Eurasia, mientras que Francia e Inglaterra estaban tan debilitadas que eran incapaces de defender sus colonias y Europa occidental. En estas circunstancias, EEUU no pudo volver al aislacionismo como en 1918 y se convirtió en el director del bloque occidental. Entonces, España, por su posición geopolítica, como destaca Olivié, pasó a ser “necesaria para la paz”. Los Acuerdos con EEUU (1953), firmados con la oposición de los Gobiernos francés y británico, no sólo permitieron el ingreso de España en la ONU, sino que contribuyeron a nuestro desarrollo económico y dieron un respaldo político a Madrid que condujo, treinta años después, al ingreso en la Unión Europea.

Cuando la política y la sociedad españolas, concluye el autor, actúan unidas en una clara política exterior pueden superar los obstáculos internos y externos. Los riesgos, añade, consisten en hacer una política exterior ideológica o en no hacer ninguna, sea por miedo o por ignorancia.

Las novedades de la edición de Marcial Pons son un prólogo del académico de Ciencias Morales y Políticas José Luis García Delgado, y un epílogo del autor que salva los casi veinte años transcurridos desde la primera reedición. Se mantienen el prólogo de Eduardo Serra, ministro de Defensa en 1999, y se han unificado los índices toponímico y onomástico en uno.



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