Análisis La adhesión de España a la Cooperación Estructurada Permanente (PESCO)

Ana Belén Perianes es doctora en Paz y Seguridad Internacional y coordinadora de Spanish Women in International Security (SWIIS)


España es uno de los 25 Estados miembros de la UE que participan en la Cooperación Estructurada Permanente (PESCO) con el objetivo de avanzar en la integración real en materia de defensa de la Unión, en un contexto de graves desafíos geopolíticos que ningún país puede enfrentar por sí solo.

El Consejo Europeo aprobó el pasado 11 de diciembre una Decisión por la que se establece la PESCO, transcurrido casi un mes desde que 23 Estados interesados notificaran conjuntamente a la Alta Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad y al Consejo su intención de sumarse a la misma (Alemania, Austria, Bélgica, Bulgaria, Chipre, Croacia, Eslovaquia, Eslovenia, España, Estonia, Finlandia, Francia, Grecia, Hungría, Italia, Letonia, Lituania, Luxemburgo, los Países Bajos, Polonia, la República Checa, Rumanía y Suecia). Irlanda y Portugal notificarían su decisión de participar en la PESCO el 7 de diciembre.

La Decisión por la que se establece la Cooperación Estructura Permanente define, además de la lista de Estados miembros participantes, la de compromisos comunes, la gobernanza del mecanismo y sus disposiciones administrativas, una lista inicial de 17 proyectos que se llevarán a cabo en el marco de cooperación.

La aprobación definitiva de la puesta en marcha de la Cooperación Estructurada Permanente se produjo tras la Cumbre de jefes de Estado y gobierno de la UE celebrada el 14 y 15 de diciembre.

La PESCO es clave respecto a la revitalización de la Política Común de Seguridad y Defensa. Este marco prevé una fórmula flexible de cooperación al estilo de la “Europa a dos velocidades”, a diferencia de los otros dos ámbitos en los que se ha acordado previamente una cooperación reforzada en la UE, los referidos al Euro y a Schengen. Así, los Estados participantes podrán avanzar voluntariamente con mayor intensidad y velocidad en seguridad y defensa desarrollando de forma conjunta capacidades en la búsqueda de una mayor eficiencia, coordinación e interoperabilidad de sus sistemas.

En definitiva, la participación en cada uno de los proyectos será voluntaria y la capacidad de toma de decisiones respecto a su participación en los anteriores seguirá correspondiendo a los Estados miembros.

Con su incorporación a la PESCO, España asume varios compromisos, como los referidos al aumento regular de los presupuestos de defensa en términos reales para alcanzar los objetivos fijados; el incremento sucesivo a medio plazo del gasto de inversión en defensa hasta el 20% de su gasto total en estos asuntos; la ampliación del número de proyectos de capacidades estratégicas de defensa conjuntos y colaborativos; el refuerzo de los gastos dedicados a la investigación y la tecnología con vistas al cumplimiento del 2% del gasto total en defensa como objetivo de referencia colectivo; la revisión periódica de estos compromisos y el desarrollo de las capacidades necesarias para garantizar el nivel de ambición de la UE en cooperación reforzada en materia de seguridad y defensa.

Para la UE es fundamental maximizar la eficiencia de los recursos disponibles, puesto que a pesar de que dedica el segundo mayor presupuesto en defensa del planeta, su relevancia militar no es proporcional a dicho gasto debido a los ya referidos problemas de eficiencia y coordinación.

La victoria del Brexit y la volatilidad e impredecibilidad que hasta el momento han caracterizado la política exterior de la actual Administración estadounidense hacia Europa, en ausencia de un más que necesario proyecto político común y en un contexto de crisis compartidas, evidenciaron que la Unión debía adaptarse a su nueva realidad geoestratégica impulsando políticamente su cooperación en materia de seguridad y defensa.

Por una parte, tras la salida de Reino Unido de la Unión, ésta pierde uno de sus Estados con mayor gasto en defensa y que, además de contar con capacidad nuclear, es miembro permanente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Y por otra, es clave para el análisis apuntar la dependencia europea en materia de seguridad y defensa del paraguas estadounidense (EE. UU. soporta el 72% de los costes totales de la OTAN).

Las declaraciones del presidente Trump criticando a los aliados europeos por no asumir los gastos de su propia seguridad y abogando por la necesidad de revisar la financiación estadounidense a la OTAN alarmaron de forma lógica a los líderes de la UE, puesto que una significativa retirada de los fondos que destina EE. UU. a la Alianza traería consigo innegables consecuencias para nuestra seguridad.

Además, los Estados miembros encaran otros retos destacables como la falta de dotación presupuestaria oportuna de sus Fuerzas Armadas, el horizonte del 2024 para alcanzar el cumplimiento del compromiso OTAN de gasto en defensa del 2% y la necesidad de fomentar la cultura de seguridad y defensa y el debate político y ciudadano sobre los asuntos referidos a la seguridad y defensa.

La cooperación europea en materia de seguridad y defensa no es algo nuevo, tratándose más bien de una ambición insatisfecha que ya formaba parte del proyecto europeo desde sus inicios. El Tratado de Lisboa ya contemplaba la Cooperación Estructurada Permanente al prever la posibilidad de que varios Estados de la UE colaborasen más estrechamente en el ámbito de la política de seguridad y defensa.

Durante el último año y medio, hemos presenciado progresos históricos hacia la cooperación reforzada en seguridad y defensa. Desde la aprobación de la Nueva Estrategia de Seguridad Global de la Unión en junio de 2016 y siguiendo por hitos como la Declaración de Cooperación OTAN-UE, la Cumbre de Bratislava, la aprobación del Plan de Acción de Defensa Europea y de las 42 medidas de implementación del acuerdo OTAN-UE, la celebración de la Cumbre de Roma, la presentación del documento “Una Europa que defiende y protege”, la activación de los Battle Group Packages, la Revisión Coordinada en Defensa Anual o el Fondo Europeo de Defensa, nos encontramos en la actualidad ante la formalización del compromiso político de avanzar hacia la integración europea en seguridad y defensa.

Sin embargo, a pesar de estos avances, los Estados miembros deberán seguir trabajando en el fortalecimiento de su grado de solidaridad y compromiso político con el objetivo de garantizar la propia seguridad y autonomía estratégica de la Unión, acompañada de una política exterior coherente. Sólo así podrá la UE reclamar el liderazgo global que merece.

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