Análisis FAES Elecciones en Cataluña

Los resultados electorales en Cataluña distan bastante de la observación escuchada durante la campaña que consideraba “descabezado” al independentismo. La tríada secesionista JxC, ERC y CUP suman la mayoría absoluta en el Parlamento autonómico. Pero frente a este desenlace, el triunfo de Ciudadanos es un logro extraordinario que se constituye en expresión de la movilización cívica contra la exclusión, el silenciamiento y la fractura. Ciudadanos ha sabido interpretar las exigencias de muchos cientos de miles de catalanes –más de un millón-, las ha traducido en un discurso político reconocible y les ha ofrecido una propuesta de esperanza y convicción. 

El hecho de que Ciudadanos se haya destacado como primera fuerza política en Cataluña, tanto en voto popular como en escaños, y que el voto popular de los partidos no independentistas haya quedado por encima del secesionismo deslegitima las pretensiones nacionalistas de arrogarse la representación y la supuesta voz auténtica de los catalanes. Cuando en septiembre de 2015 este partido superó con claridad al Partido Popular, observamos que Ciudadanos se estaba convirtiendo en la opción preferente del constitucionalismo. Anticipamos entonces que “el grado de fraccionamiento y división en Cataluña se va a agravar” y adelantábamos que “el proceso secesionista va a continuar y va a continuar más radicalizado porque los más radicales tienen  más fuerza”. Se podía constatar hace mas de dos años “la consolidación del fraccionamiento del espacio de centro-derecha”, y pedíamos “emprender un proceso muy profundo de reflexión, extraer todas las consecuencias y ponerse a ello”. No hay, por tanto, casualidad, ni razones puramente coyunturales que expliquen la progresión electoral de este partido.

Es evidente que el llamado ‘voto útil’ constitucionalista ha ido a Ciudadanos. Pero eso, lejos de explicar los resultados del PP, es lo que necesita una explicación. Sabemos por experiencia que cualquier apelación a la reflexión en este sentido será despachada con el desdén, la humorada o el habitual reproche de inoportunidad o deslealtad. Habría que esperar al menos que la responsabilidad de los resultados no sea cargada, injustamente, sobre las espaldas del candidato.  Y sería de agradecer que no se insistiera en culpar de este mal resultado a Ciudadanos con el peculiar argumento de que a este partido le han votado demasiados catalanes, porque tal afirmación, por insostenible, desacredita a quien la hace. 

Es innegable que existen decisiones que un Gobierno debe tomar al margen de sus eventuales efectos electorales. Aplicar el artículo 155 de la Constitución ha sido una de ellas y, al margen del cómo y el cuándo se podría haber aplicado, el Gobierno cumplió con su deber haciéndolo. Pero asumir que la responsabilidad de gobierno y la audiencia electoral son incompatibles no es en absoluto evidente. Y si eso era así, entonces no se entiende que el mensaje prácticamente único de la campaña del PP haya sido el de recordar esas decisiones que el Gobierno ha protagonizado. En todo caso, el Gobierno tendrá que prepararse para una situación política de una extraordinaria complejidad a la que habrá de hacer frente con mejor equipaje estratégico, discursivo y político del que se ha dotado hasta ahora.

En estas elecciones, por muy peculiares que resulten, lo que no se sometía a votación era la Constitución, ni la vigencia del Estado de derecho, ni los derechos de todos los catalanes en tanto que sujetos de la ciudadanía común que nos ampara a todos los españoles. Garantizar esos derechos y el imperio de la ley que los reconoce y protege sigue siendo responsabilidad primordial del Gobierno y de todas las instituciones, pero también de los partidos que se sitúan en la Constitución. Sólo en el cálculo destructivo del secesionismo se puede considerar que los resultados convalidan los despropósitos del proceso separatista o borran las responsabilidades de sus autores. Este es el primer y el más importante mensaje que deben recibir quienes no han ganado las elecciones –al margen de lo que puedan sumar- ni representan el voto mayoritario de los catalanes, expresado, esta vez sí, con las garantías que un sistema democrático debe ofrecer y que sus ciudadanos tienen derecho a exigir.

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