Reseña del libro de Peter Pomerantsev La Nueva Rusia. Nada es verdad y todo es posible en la era de Putin

La Nueva Rusia. Nada es verdad y todo es posible en la era de Putin, de Peter Pomerantsev
RBA, 2017, 304 páginas. ISBN: 978-84-9056-665-7

Reseña de Alfredo Crespo Alcázar, profesor de ESERP Business School 


El productor de televisión Peter Pomerantsev nos ofrece una obra sugerente, de fácil lectura y muy oportuna sobre la actual Rusia de Vladimir Putin. La importancia de este último rasgo se ve incrementada por la inminente celebración (el próximo 18 de marzo) de elecciones, en las que con toda probabilidad el aludido político revalidará su mandato presidencial, extendiéndolo hasta 2024. En consecuencia, permanecerá casi un cuarto de siglo al frente de su país, casi tanto tiempo como Stalin.

Pomerantsev nos ofrece algunas de las razones sobre las que se asienta el éxito del putinismo, las cuales nada tienen que ver con la bondad de un programa político. De una manera omnisciente, Putin es el gran protagonista del libro. Sin embargo, el autor sólo en contadas ocasiones lo llama por su nombre y apellido. Por el contrario, intencionadamente se refiere a él como el Presidente, sin entrecomillar, marcando distancia, rechazo y oposición tanto hacia su persona como hacia sus métodos: “en Rusia puedes protestar todo lo que quieras; nada cambiará. Puedes gritar una y otra vez, pero nadie te oirá” (págs. 129-130).

Una certera radiografía a través de historias personales
Pomerantsev opta por un formato narrativo ágil para reflejarnos el presente “real” político, económico, social y cultural de Rusia. En efecto, como productor televisivo entrevistó a numerosas personas anónimas (madres de modelos, exmafiosos, consultores de diferentes organizaciones internacionales, soldados que han sufrido vejaciones por parte de sus superiores en el ejército ruso…) para diferentes programas de entretenimiento en la TNT. Esta actividad periodística la ejerció durante un periodo cronológico fundamental: el comprendido entre 2006 y 2010.

Se trata de una etapa en la que el poder de Putin se hallaba plenamente consolidado, producto de su victoria (magnificada por los medios de comunicación oficiales) en la segunda guerra de Chechenia y del alza en los precios de los hidrocarburos, lo que le permitió mejorar el nivel de vida de sus compatriotas y desplegar un poder cada vez menos blando en el escenario internacional. Al respecto, cabe apuntar que una de las advertencias predilectas de Putin enfatiza que “es hora de que Rusia deje estar postrada” (p. 150).

Como se deduce, nos hallamos ante un mensaje nacionalista que ha calado en la sociedad, superando la mera soflama patriotera y traduciéndose en hechos: “no te preocupes, hermano, limpiaremos las calles de toda la porquería, de todos los negros, los musulmanes y su sucio dinero. La Rusia sagrada se alzará de nuevo”(p. 154). Quienes así piensan asumen de manera acrítica el discurso gubernamental, en función del cual una conspiración liderada por las democracias occidentales robó a Rusia toda su grandeza.

Por tanto, para recobrar esa posición “gloriosa” de antaño se precisa de una suerte de zar, un líder autócrata que guíe al país: Vladimir Putin. Al respecto, un seguidor del Dinamo de Moscú entrevistado por Peter Pomerantsev, reproducía el mensaje del gobierno, si bien alejándose de cualquier atisbo de corrección política: “tenemos que recuperar nuestro poder, ocupar nuestros territorios perdidos, quitarles Crimea a los ucranianos. Queremos una Rusia para los rusos, todos esos negros del Cáucaso y de Asia Central tienen que irse a casa” (p. 243).

El conocimiento que Pomerantsev tiene de su objeto de estudio, le permite profundizar en lo que se percibe a primera vista en Rusia. En efecto, la citada nación celebra elecciones regularmente, cuenta con partidos que ejercen oposición política y con un notable tejido asociativo en forma de distintas ONG. Sin embargo, todo este entramado puede calificarse de casi ficticio, puesto que la mayoría de las veces es el propio gobierno quien lo crea: “Rusia no es un país en transición, sino una especie de dictadura posmoderna que utiliza el lenguaje y las instituciones del capitalismo democrático para fines autoritarios” (p. 61).

Asimismo, el autor indaga a través de las peripecias de los personajes de carne y hueso con los que se relaciona, las razones por las que Putin se convirtió en un líder todopoderoso que alteró el contexto político y económico de la Rusia inmediatamente posterior a la implosión de la URSS en 1991. Durante los años noventa del pasado siglo, bajo los mandatos presidenciales de Boris Yeltsin, Rusia sufrió un evidente déficit de personalidad: “todo aquel que antes había sido alguien se había transformado de pronto en un don nadie. Los profesores, policías y jueces no cobraban. Los operarios de las fábricas hacían frigoríficos y piezas de trenes que nadie necesitaba. Los héroes de guerra eran pensionistas sin blanca”(p. 42).

En aquellos complejos y delicados años, el establishment político oficial convivió con otro que actuaba en paralelo y que disfrutaba de tanto o más poder que quienes se hallaban en el Kremlin: los mafiosos. En la práctica coexistían dos estados y la corrupción formaba parte habitual del paisaje. Dicho con otras palabras, en los noventa las palabras ruso y mafioso eran términos casi sinónimos, asimilación que revirtió pero que interesadamente no finiquitó Vladimir Putin: “los propios servicios secretos se hicieron cargo del crimen organizado, no hubo forma de que los rufianes pudieran competir. Algunos se convirtieron en diputados de la Duma para poner su dinero a salvo, mientras que otros se retiraron para convertirse en hombres de negocios al uso” (p. 34).

En efecto, la corrupción cambió de titular, es decir, comenzó a ser pastoreada por Putin y su círculo más cercano con absoluta impunidad. Por tanto, como sucediera a lo largo de toda su historia (tanto en la etapa zarista como en la comunista), en la actualidad el Estado de Derecho sigue siendo una entelequia en Rusia, a pesar de los intentos del gobierno por disfrazar esta situación.

Russia Today como eje de un proyecto
Además de las victorias, más parciales que totales, en el terreno militar (Chechenia) y económico (mejora del nivel de vida de los rusos, hoy aspecto discutible puesto que no afecta a todos los sectores sociales) los medios de comunicación se convirtieron en los instrumentos que favorecieron, facilitaron y consolidaron la hegemonía de Putin.

Al respecto, de entre todos ellos destaca la televisión Russia Today, cuya presencia casi global se debe a la suma de varios factores. En primer lugar, un mal entendido pragmatismo por parte de quienes ejercen la profesión periodística, motivado por los elevados sueldos con que retribuye sus servicios la aludida cadena. En segundo lugar, porque repite machaconamente un mensaje que no se centra en exclusiva en fomentar el culto a la personalidad del Presidente (aunque no renuncia a ello) o en distorsionar la historia reciente de Rusia mediante el desarrollo de mantras intencionados.

Por el contrario, la táctica favorita de Russia Today consiste en proyectar una imagen peyorativa de la democracia liberal occidental, otorgando la palabra a quienes cuestionan desde dentro las bases de su filosofía política. En este sentido, resulta habitual la presencia de Assange, de intelectuales norteamericanos que condenan a su propio país o de activistas antiglobalización. Este modus operandi genera “un despliegue de voces que machacan a las audiencias globales desde diferentes ángulos, lo que produce una cámara de eco acumulativo de apoyo al Kremlin” (p. 291). Consecuentemente, no debe causar sorpresa que Putin se haya convertido en un personaje idolatrado por los nacionalistas europeos de extrema derecha (UKIP) y por la extrema izquierda (George Galloway).

En conclusión
A través de un autoritarismo cada vez más difícil de camuflar, Putin gobierna su país e intenta que recupere el rol global que ostentó durante buena parte del siglo XX. En su discurso se observan a partes iguales victimismo y triunfalismo. Este binomio, a su vez, le permite que muchos de sus compatriotas ignoren las verdaderas dificultades por las que transita Rusia: desde las más evidentes (problemas económicos) hasta las más complejas (derivadas estas últimas de la presencia del terrorismo islamista en su propio territorio, caso del Cáucaso). Pomerantsev, sin embargo, nos las acerca a través de ciudadanos comunes, los cuales ponen de manifiesto que Rusia presenta características más propias de un gigante con pies de barro que de una gran potencia.

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