Reseña El sabio y ejemplar patriotismo constitucional de Teresa Freixes

Reseña de Fernando Peregrín Gutiérrez, ensayista de Epistemología y Filosofía e Historia de la Ciencia

155. Los días que estremecieron a Cataluña, de Teresa Freixes
Doña Tecla, S. L., abril de 2018; 372 páginas. ISBN: 9788494618598


Cuando empecé a interesarme por el constitucionalismo, entendido como un complejo de ideas, actitudes y pautas de comportamiento que establecen el principio de que la autoridad del gobierno deriva y está limitada por la parte principal de una ley fundamental (Don Edward Fehrenbacher) –su historia, su filosofía, su derecho, su análisis comparado– con motivo de verme envuelto en ciertos debates con ocasión del Estatuto de Autonomía de Cataluña de 2006, tuve para mí que, aun reconociendo que se trataba de una componente de primer orden en cada una del conjunto de culturas que se engloban en lo que generalmente, y de forma bastante imprecisa, se define como civilización occidental, era materia harto arcana y hasta esotérica y muy especulativa. Tal es así que por aquellos días, y hablando sobre el Derecho constitucional con uno de los más destacados y renombrados expertos catalanes en esa disciplina, le dije, con cierta guasa, que guardaba los libros de Derecho constitucional en la misma estantería de la librería de mi casa en la que reposaban las Biblias y textos de teología que me regalaba mi vecino de aquellos años, un piadoso pastor protestante empeñado en devolverme mi perdida fe cristiana, y las aventuras de Harry Potter de mis hijos.

Las razones por las que yo recelaba entonces de la Filosofía y el Derecho constitucional se debían sin duda a mi apasionada e intensa formación científica y a mis firmes convicciones sobre la poca o nula fiabilidad que yo otorgaba a todo lo que no se basara epistemológicamente en el escepticismo indagador y en la metodología naturalista (así como el relativismo ontológico de W.V.O. Quine, en el sentido de que las cosas son lo que conocemos de ellas en cada momento, rechazando así el esencialismo de origen en el idealismo romántico centro-europeo). A esto contribuían en gran medida los artículos de opinión de los intelectuales –autodenominados progresistas– de “mesilla de noche” de José Luis Rodríguez Zapatero y Pasqual Maragall sobre cuestiones de constitucionalidad e inconstitucionalidad del nuevo Estatuto catalán que leía, no sin cierto asombro e indignación, en diarios de entonces, en los cuales, según mi leal saber y entender, se intentaba justificar lo injustificable y sostener como verdad unas ideas y sus contrarias a la misma vez. Eran, en muchas ocasiones, verdaderos aquelarres de relativismo gnoseológico posmoderno, muy en la línea de lo que escribió Rodríguez Zapatero en el prólogo al libro De nuevo el socialismo de su ministro de Administración Territorial Jordi Sevilla:

[…] “que si en política no sirve la lógica, es decir, si en el dominio de la organización de la convivencia no resultan válidos ni el método inductivo ni el método deductivo, sino tan sólo la discusión sobre diferentes opciones sin hilo conductor alguno que oriente las premisas y los objetivos, entonces todo es posible y aceptable, dado que carecemos de principios, de valores y de argumentos racionales que nos guíen en la resolución de los problemas”.

Creo que viene a cuento esta cita, que me ha venido a la memoria leyendo el magnífico libro de la profesora Teresa Freixes, pues resume en parte lo que la autora delata como el “argumentario”, la neolengua (capítulo 8) populista de los intelectuales de baratija del independentismo catalán. Adicionalmente, la doctora Freixes denuncia con rotundidad y precisión las falacias de periodistas y opinantes mediáticos nacionalistas que salieron a defender la constitucionalidad imposible del texto del Estatuto de 2006 –al cual califica de “deliberadamente anticonstitucional”– que aprobó el Parlament.

Mas antes de volver a darle la palabra a la autora de 155. Los días que estremecieron a Cataluña, creo necesario narrar, siquiera sea brevemente, mi cambio de juicio y apreciación del Derecho constitucional, lo cual me ha permitido ahora valorar, creo que en su justa medida, el ensayo objeto de esta reseña. Afortunadamente, no fui tan obtuso como para no aprender y entender leyendo principalmente a Isaiah Berlin, John Rawls y Jürgen Habermas, así como a racionalistas, analíticos y muy eruditos españoles que escribieron sobre constitucionalismo en los días del Estatuto catalán de 2006, como fueron Francesc de Carreras, Roberto L. Blanco Valdés, Francisco Sosa Wagner, que la verdad en ciencia y en el Derecho constitucional no son de la misma naturaleza. Aprendí de todos estos profesores que en muchas cuestiones de moral y política de los seres humanos, la idea central de la Ilustración de que existe una única verdad, una única solución racional y justa a los problemas que afectan a las sociedades humanas, era fundamentalmente errónea (lo cual no está en contradicción con sostener que lo que no es de recibo es la teoría de los “hechos alternativos” del independentismo catalán, que denuncia la autora si bien de forma indirecta, sin utilizar ese término). A propósito de esto, la doctora Freixes, como se da noticia en el capítulo 13, ya denunció en su día la inconstitucionalidad de la propuesta de Estatuto y abandonó, cuando constató lo que se pretendía, los grupos de estudio de “tamaña aberración jurídica”.

Supe de la profesora Freixes mucho después de las querellas surgidas en torno del torticero Estatuto de 2006. De hecho, me enteré de su encomiable labor pedagógica dirigida a desasnar a afamados soberanistas cuando la vi vapulear en un vídeo, que apareció en la web de la impagable Dolça Cataluña, a su exalumno Quico Homs el 24 de julio de 2014. Tengo para mí que en esa fecha la catedrática Jean Monnet de la Universidad Autónoma de Barcelona, aunque renombrada en ambientes académicos, no era aún, como es hoy día, una de las personas más populares y apreciadas activistas en la lucha noble y leal contra las mentiras y políticas torticeras del independentismo catalán, como es la de la falacia de la permanencia en la UE de una Cataluña desgajada de España y que denuncia en este vídeo, ya que en él –que cuando esto escribo ha alcanzado ya 419.000 visualizaciones– los propietarios se refieren a ella no por su nombre y apellido, sino por su condición de “catedrática catalana” (https://www.dolcacatalunya.com/2014/07/catedratica-catalana-vapulea-a-quico-homs-conseller-de-presidencia/). Tres años después, cuando una hija mía, sin consultarme, por cierto, abrió a mi nombre una cuenta en Facebook y empecé a hacer uso de esa red social por curiosidad, me encontré, casi de bruces con la muy activa profesora Freixes y tengo que reconocer que para mí se trató, como se dice coloquialmente, de amor a primera vista. Es por esta razón que leyendo 155. Los días que estremecieron a Cataluña he tenido la sensación de reencontrarme con una vieja conocida de la que tanto he aprendido y disfrutado con su magisterio tocante al derecho constitucional tanto español como de la UE –a veces, pormenorizada por Estados miembros– y de EE. UU.

Su último libro es, además de una crónica viva y bastante completa de los despropósitos acaecidos en los 155 días que van desde el 21 de octubre de 2017, fecha en la que Mariano Rajoy anuncia la activación de artículo 155 de la Constitución Española, y el 25 de marzo de 2018, día en el que la policía alemana detiene al expresidente Carles Puigdemont, lo que no deja de ser una curiosa y llamativa coincidencia, además de una crónica, repito, es un texto ejemplar de divulgación de constitucionalismo tan profesoral como asequible al lector con una mínima formación, juicio crítico y comprensión lectora. Se lee con gran facilidad, de un tirón y tiene tres propiedades que para mí son básicas en todo ensayo: veracidad, claridad y honestidad.

El título, aunque ocurrente, puede llamar a engaño, pues narra acontecimientos anteriores, como es la esperpéntica y tramposa gestación de estatuto de 2006 y se proyecta al futuro, al ocuparse con cierto detalle de la posibilidad de una futura reforma de la CE.

Es difícil destacar algún capítulo de los dedicados a poner en suerte a la narración de los 155 días a los que se refiere el título y al análisis de las implicaciones que conlleva desde la perspectiva constitucionalista. El segundo capítulo, por ejemplo, “Recatalanizar Cataluña”, lleva como subtítulo la clásica pregunta que se suele hacer en estos casos: “¿cómo hemos llegado aquí?”. Arranca este capítulo recordando el documento que con el título “La estrategia de la recatalanización” se publicó en El Periódico de Cataluña con fecha 28 de octubre de 1990, y que explicaba con pelos y señales lo que la Generalitat y CiU habían diseñado con la finalidad de “catalanizar” a Cataluña. Del contenido total del documento, la profesora se explaya particularmente en la estrategia de “recatalanizar” la enseñanza y muestra lúcidamente como esos lodos trajeron los barros putrefactos del nacionalismo independentista de hoy día. Cita, a este respecto, “el muy documentado libro de Antonio Robles, Historia de la resistencia al nacionalismo en Cataluña (1979-2006), publicado por Crónica Global, que contiene información espeluznante” tocante a la canallesca expulsión de Cataluña de los profesores castellanohablantes a mediados de la década de 1980. También dedica una buena y muy merecida tunda a la estrategia de utilizar a conciencia los medios de comunicación públicos para “fer nació” (Jordi Pujol dixit con ridícula y dañina obsesión).

Son muchas las muletillas que destacan de la jerigonza del independentismo y que constituyen parte importante de esa ya citada “neolengua” (capítulo 8) a la que se refiere la autora. Así, señalo a vuelapluma, en el libro se puede leer cómo la profesora Freixes deconstruye y ningunea el tramposo “procés”, “diálogo”, “transversalidad”, “mediación, “negociación”, “referéndum pactado”, “cartas marcadas” (a la hora de rechazar la posibilidad de una reforma constitucional que satisfaga al independentismo) y sobre todo el vergonzoso y ladino eufemismo del derecho de autodeterminación que es el “derecho a decidir” de esa entelequia que es ‘los catalanes’.

Asimismo es de gran provecho e interés el análisis pormenorizado del tema que es gran protagonista del libro, el artículo 155 de la CE, al que dedica todo un capítulo de veinte páginas. Destaco en dicho capítulo la detallada y solvente explicación sobre dos conceptos básicos que justifican que el artículo 155 de nuestra CE sea muy similar a otros que figuran en otras Constituciones de Estados de la UE: la “lealtad federal” y la “coerción federal” correspondiente, que presenta como caras de una misma moneda. Y también el gran acierto del “shakespeariano título del capítulo dedicado a la esperpéntica y surrealista declaración unilateral de independencia (To DUI or not to DUI”), lleno de sarcasmo de la mejor ley.

Llegados aquí, no puedo ocultar el pensamiento de que este libro, en el mejor de los casos, será descalificado por los separatistas y parte de la izquierda obnubilada y acomplejada por el nacionalismo independentista catalán, tildándolo de sesgado, unilateral, y falto de los necesarios claroscuros que requieren los temas tratados. Empero, tengo para mí que no ha lugar el intento de despreciar este valiosísimo texto, pues aun siendo yo un escéptico y rabiosamente fiel al pensamiento y juicio críticos, y por tanto muy exigente con la necesaria duda metódica y los matices en las exposiciones de materias tan complejas y poliédricas como las que ocupan aquí a la profesora Freixas, hay cosas que, aunque ateo, considero sagradas, como es la denuncia obligatoria, firme y sin el menor asomo de duda alguna del execrable procés.

Mas eso no quita que se deban y se puedan hacer ciertas objeciones debidas. La más importante, tal vez, sea la nula atención prestada a la hora de disertar sobre la posible y deseable reforma futura de la CE de la propuesta trasnochada y regresiva de la organización confederada del Estado español. Y eso queda más en evidencia cuando se lee la magnífica lección sobre federalismo –la autora se declara convencida federalista europea– que imparte amena y comprensiblemente la catedrática catalana. Es ejemplar su demolición de la propuesta del PSC del federalismo como piedra filosofal –o más puerilmente, como corresponde a esta propuesta, como varita mágica– para solucionar todos los problemas del “encaje de Cataluña” (de bolillos, añado yo) que propone irreflexible e indefinidamente el PSC –y en especial el asimétrico, tan caro a Pasqual Maragall y sus actuales discípulos– y a lo que responde, no sin la debida sorna, la autora: “como si tuvieran que ‘encajarnos’”. También echo en falta una referencia crítica a la doctrina de la ONU sobre el “tribalismo posmoderno” al hablar de la Weltanschauungterritorialdel populismo asambleario de Podemos y sus adláteres (se refiere a la llamada teoría de la infinita divisibilidad, el reconocimiento del derecho de autodeterminación con carácter general que puede llevar a una indeseable y progresiva fragmentación del territorio mediante la aplicación de criterios nacionalistas cada vez más estrictos, produciéndose tras cada secesión una nueva secesión. El adjetivo posmoderno se debe a que se opone acríticamente al concepto moderno de Estado y que, además, lo hace sin necesitar justificación alguna, pues, y en las conocidas palabras de Paul Feyerabend, anything goes, todo vale).

Sería muy largo seguir destacando las excelencias de este extenso libro de más de 370 páginas. Empero, no sería justo con los posibles lectores que animados por esta reseña consideren su adquisición si no hago un reproche a la forma en que se ha editado, pues resulta poco aceptable que no se incluya un índice onomástico y temático, ya que tengo para mí que además de su lectura ininterrumpida de tapa a contratapa, muchos lectores lo usarán como texto de consulta ante los acontecimientos del “procés” que aún faltan por suceder.

Y finalizo denunciando por adelantado –me pongo sin vergüenza alguna la venda en la herida antes de que me tiren la piedra; ya se sabe, de los independentistas asilvestrados todo es esperable– un reproche que a buen seguro le va a caer a la profesora Freixes: el imperdonable pecado de españolista, o como si dijéramos, nacionalista española. Dejando a un lado el ridículo que supone la ignorancia de los nacionalistas catalanes que no entienden otra manera de ser que no sea la nacionalista, quiero recordarles –aunque sería mejor decir enseñarles– a este respecto que tras leer este libro no dudo en calificar a su autora de patriota constitucional, dando la palabra a Edward Gibbon para que defina sin posibilidad de mayor acierto, el patriotismo, tal y como aparece en su espléndida obra La decadencia y caída del Imperio romano (1827):

“La virtud pública, que los antiguos llamaron patriotismo, nace del entrañable concepto con que ciframos nuestro sumo interés en el arraigo y prosperidad del gobierno libre que nos cupo”.

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