Análisis Irán: entre la espada y la pared

Javier Gil Guerrero es profesor de Relaciones Internacionales de la UFV  


El día después de anunciar Trump la retirada de su país del acuerdo (que no tratado) nuclear con Irán, algunos parlamentarios iraníes reaccionaron quemando una bandera americana y una copia de dicho acuerdo en la tribuna de oradores. El líder de la cámara, Ari Larijani, bromeó pidiendo que tuviesen cuidado de no incendiar el Parlamento también. Se trata de una anécdota que bien puede ser una metáfora de la situación de Irán en estos momentos: una reacción desbocada arriesgaría la ruina del propio país.

Irán tuvo un pequeño avance de este riesgo la madrugada del jueves tras el lanzamiento de varias docenas de misiles por su unidad de élite Quds a posiciones militares israelíes en los Altos del Golán. La reacción del Estado hebreo no se hizo esperar y llegó con la mayor ofensiva aérea sobre Siria desde 1973. El ataque de Irán estaba medido para evitar un conflicto abierto y generalizado (los objetivos eran militares y no civiles y el lugar era la frontera del Golán, no el corazón de Israel). Sin embargo, la respuesta israelí no dejó dudas: cualquier acto de agresión iraní, por mínimo que sea, desembocaría en unas pérdidas terribles para Irán. En este caso, la respuesta ha supuesto la destrucción de gran parte de la infraestructura iraní en Siria.

Puede que algunos halcones en Irán sientan la tentación de redoblar su ofensiva en Oriente Medio. Al fin y al cabo, ya no tienen que cuidar mínimamente las apariencias ahora que Estados Unidos ha abandonado el acuerdo. Pero esto resulta poco probable: primero, porque al liberarse del acuerdo Washington tiene más margen de maniobra para incrementar la presión sobre Irán y, segundo, porque a Irán le interesa que Europa siga en el acuerdo y blinde su comercio con Irán.

No hay que llevarse a engaño: si Irán era el que más se beneficiaba con el acuerdo de 2015, Irán va a resultar el mayor perjudicado de la salida de Estados Unidos del mismo.

El acuerdo nuclear rescató a Irán de su estado de postración. Permitió a Irán regresar con fuerza al mercado del petróleo, asegurar las exportaciones por mar y participar de nuevo en transacciones financieras internacionales. Estos tres puntos son el sustento de la economía iraní. Sin ellos el régimen está perdido, aunque tampoco es que con ellos tenga garantizado un bienestar económico. Como bien se ha demostrado en los últimos dos años, a pesar del paulatino levantamiento de las sanciones, la recuperación de la economía iraní ha sido frágil. Por tres motivos principalmente: ha coincidido con una espectacular bajada del precio del petróleo, con una sequía de cinco años que ha devastado la industria agrícola, y además la legislación iraní (impuestos, seguridad jurídica…) no es muy atractiva para las empresas que buscan oportunidades de inversión en el país. Es por estos dos problemas coyunturales y uno estructural, y no por supuestas maquinaciones de Washington, por lo que los beneficios tangibles del acuerdo nuclear no han sido experimentados por muchos iraníes.

En definitiva, con las sanciones, la economía iraní está perdida, y sin ellas tampoco tiene asegurado su crecimiento económico. Para complicar más las cosas al régimen, este juego tiene lugar en un momento de gran malestar social (las protestas y actos de desafío continúan) y con las élites del Estado divididas (el presidente Rouhani y el Líder Supremo Jamenei, cabezas visibles de los dos bandos, prosiguen con su pulso de una forma cada vez menos soterrada).

División en las élites, malestar social, debilidad económica… y ahora Trump. Pero la clave en este momento no está tanto en Washington sino en Bruselas. May, Macron y Merkel han anunciado su decisión de seguir en el acuerdo y de mantener las relaciones comerciales con Irán. La cuestión es si Europa dará los pasos para proteger a sus compañías de las sanciones americanas (como ya hizo la UE en su relación comercial con Cuba en 1996). La pelota está ahora mismo en el tejado europeo. El régimen iraní depende completamente de que Europa proteja a sus compañías en sus negocios y siga amparando las transacciones financieras con Teherán. Con ello, Irán podría sobrevivir. Sin ello, está condenado a volver al aislacionismo y la pobreza.

Es por todo esto por lo que Irán deberá medir muy cuidadosamente su reacción al anuncio de Trump (o como advertía en broma Larijani, acabarán en su furia quemándose ellos mismos). Una reacción desmedida (un ataque de gran envergadura a Israel desde Siria, reanudando el enriquecimiento de uranio…) comprometería la posición europea de seguir en el acuerdo y abriría la puerta a un ataque militar norteamericano. Las opciones de Irán son, por tanto, limitadas. Dado el descontento social, el régimen no puede arriesgarse a incrementar una política beligerante que conlleve el aislamiento económico y político del país. La preocupación y el hartazgo de los iraníes no tiene nada que ver con Israel o Siria, sino con la falta de oportunidades económicas y libertades. Verse asfixiados de nuevo por una acción iraní contra Israel o por la reactivación del programa nuclear sólo aumentaría su descontento contra la mala gestión del gobierno.

#Irán #Trump #Israel #acuerdo nuclear