Análisis Italia, hacia el desbloqueo político

Pablo Martín de Santa Olalla Saludes es profesor de la Universidad Europea de Madrid


Tras más de nueve semanas de negociaciones infructuosas, en las que hubo hasta tres tandas de conversaciones con el presidente de la República Sergio Mattarella, parece que, al fin, va a haber un gobierno en Italia con el que poder iniciar la XVIII Legislatura. Así, será un gobierno formado por los dos vencedores en las elecciones generales del pasado 4 de marzo: el Movimiento Cinco Estrellas, que fue la formación más votada con el 32,6% de los sufragios, y la Lega (antiguamente Liga Norte), que obtuvo el 17,1% de los votos (le superó el Partido Democrático en punto y medio pero, mientras este se dejó casi diez puntos, los de Salvini ganaron casi quince). En otras palabras, van a formar gobierno los dos partidos más polarizados respecto a las formaciones tradicionales, como Forza Italia o el Partido Democrático. En ese sentido, este principio de acuerdo es una buena noticia para la estabilidad política de la tercera economía de la eurozona, pero constituye un mal augurio para las autoridades comunitarias, ya que ambas formaciones son, con diferencia, las más antieuropeístas de todo el arco parlamentario italiano, aunque con matices. Mientras el Movimiento Cinco Estrellas es solo radicalmente contrario a las políticas de austeridad impuestas por la UE en los últimos años, al tiempo que discute los beneficios para Italia de la moneda única, en cambio la Lega es un partido hermanado con partidos tan poco amistosos con la construcción europea como Alternativa para Alemania, el Frente Nacional o el UKIP.

Berlusconi, cuyo partido (Forza Italia) forma, junto con los Hermanos de Italia de Giorgia Meloni, la coalición de centroderecha en la que también se integra la Liga de Matteo Salvini, sabe mejor que nadie de esta realidad, entre otras cosas porque uno de sus principales colaboradores es el presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani; pero, agotadas todas las posibilidades de formar un gobierno alternativo, no ha tenido más remedio que dar su brazo a torcer para que Salvini actúe libremente ya que la otra salida era repetir elecciones. Una repetición que para un partido minado por la avanzada edad de su líder (81 años y dos operaciones a corazón abierto a sus espaldas) hubiera podido suponer una auténtica hecatombe y haber dejado sin influencia a alguien (Berlusconi) que sigue teniendo muy importantes cuentas pendientes con la Justicia italiana. Cierto es que también el Partido Democrático del ya dimitido secretario general Matteo Renzi se encontraba expuesto a sufrir una hecatombe parecida, con la diferencia de que el PD tenía aún un as debajo de la manga, que no era otro que el actual primer ministro, Paolo Gentiloni, muy apreciado de los italianos y al que Renzi se apresuró a señalar como cabeza de cartel en caso de nuevas elecciones: debe recordarse que, en un país donde la población considera que los partidos políticos son uno de las mayores problemas nacionales, el político romano cuenta con el 48% de apoyo entre sus conciudadanos, con lo que seguramente hubiera podido parar el avance de su principal rival (el Movimiento Cinco Estrellas), baza que Berlusconi, en cambio, no podía jugar.

Incluso el presidente Mattarella estaba dispuesto a nombrar un “gobierno de tregua” que se encargara de representar a Italia en la cumbre europea de este verano, de aprobar una nueva ley electoral y, finalmente, de sacar adelante los Presupuestos Generales del Estado para el año 2019; lo cual no va a ser, de momento, necesario. Y eso que en principio parecía inviable, ya que, ante el hecho de que tanto Cinco Estrellas como la Liga estaban dispuestos a ir a nuevas elecciones y contaban con mayoría en el actual parlamento, difícilmente hubiera podido contar con la “fiducia” (confianza) tanto de la Cámara de Diputados como del Senado.

Pero, como decimos, de momento no será necesario, porque los de Di Maio y los de Salvini se han comprometido con el Jefe del Estado a que, a cambio de que les conceda lo que queda de semana para negociar, el lunes le presentarán la lista de ministros del Ejecutivo número 65 de la historia de la I República italiana. Un ejecutivo donde presumiblemente ni Di Maio ni Salvini serán presidentes del Consejo de Ministros, sino una tercera persona cuyo nombre en este momento se desconoce. En el caso de Di Maio, lo más probable es que se convierta en el viceprimer ministro del nuevo gobierno, mientras Salvini seguramente pedirá la cartera que más le importa a los votantes de la Liga, que no es otra que la de Interior. Otra pregunta es quién sucederá a Pier Carlo Padoan al frente de Economía y Finanzas, quien podrá marcharse satisfecho con su gestión, ya que cogió a Italia en recesión y la va a dejar con un crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB) del 1,5%, una cifra no vista desde 2011. De momento tampoco se conoce el nombre de su sustituto.

La pregunta que más de uno se hará es: ¿qué une a Cinco Estrellas y a la Liga más allá de una política dura con las autoridades comunitarias? Ciertamente, no mucho más. Entre otras cosas porque, mientras el primero tiene una fuerte implantación en el rico norte industrial de Italia, el otro tiene su principal punto de apoyo en el cada vez más abandonado sur del país. En efecto, son pocas las cuestiones que les unen, pero ello no quiere decir que no puedan tener más puntos en común: uno de ellos es la necesidad de elaborar una nueva ley electoral, ya que existe un amplio descontento en ambas formaciones con la actual (la llamada Rosatellum bis, aprobada en octubre pasado y fruto de un acuerdo entre Matteo Renzi y Silvio Berlusconi). También comparten la necesidad de aumentar la seguridad dentro de un país con graves problemas migratorios (sobre todo procedentes de la costa libia), y de modificar el sistema de pensiones. Algunos analistas afirman que ambos partidos consideran igualmente fundamental derogar la Jobs Act, es decir, la reforma laboral aprobada por el Gobierno Renzi en la Navidad de 2014, pero personalmente discrepo de ello en el caso de la Lega: no creo que al empresariado de Lombardía o del Veneto les pueda hacer mucha gracia derogar el actual marco laboral en un escenario mundial cada vez más competitivo. En todo caso, siempre existe una vía alternativa, que es derogar la Jobs Act pero no para retornar al mercado laboral anterior, sino para poner en marcha uno que al menos limite la cada vez mayor precarización de las nuevas generaciones de trabajadores italianos.

La realidad es que, de confirmarse el acuerdo entre Cinco Estrellas y la Liga, la política, que suele ser hacer posible la existencia de extraños compañeros de viaje, volvería, en el caso italiano, a sorprendernos una vez más. Lo único cierto es que de momento se evita la repetición de elecciones en un país donde las legislaturas más inestables (1992-94, 1996-98 y 2006-08) han permitido al menos dos años de vida en una nación donde se puede alcanzar los cinco que marca la actual Constitución italiana. Por otra parte, el partido “anticasta” por excelencia (Cinco Estrellas) accederá por primera vez al gobierno italiano, mientras la Liga recuperará el protagonismo perdido en 2011 con la caída del cuarto Gobierno Berlusconi.

Pero va a ser un gobierno donde, además de que estarán al frente del mismo personas sin o con muy poco conocimiento de la acción de gobierno (ni Di Maio ni Salvini saben siquiera lo que es ser ministros), tendrán al acecho permanente a un Berlusconi y a un Renzi que, además de que votarán en contra del nuevo ejecutivo, cuentan con mucho más apoyo por parte del establishment tanto italiano como europeo. Y no hay que perder de vista que van a tener un escenario económico nada fácil: el petróleo sube su precio por momentos; en menos de un año Mario Draghi dejará la presidencia del BCE (lo que puede suponer el fin de la política de estímulos y del precio del dinero a interés cero o mínimo); y el país sigue con su imparable envejecimiento y marcha de las nuevas generaciones a otros países, con lo que no resultaría de extrañar que se ralentizara, y mucho, el ya de por sí pobre crecimiento nacional. Claro que en el otoño de 2013, con el Gobierno Letta ya en marcha, Italia iba camino de una cada vez mayor descomposición y al final no solo no se produjo esa descomposición, sino que Italia retornó a la senda del crecimiento y, es más, la legislatura agotó sus cinco años de existencia. Y es que ya se sabe que la política italiana es, en la mayor parte de las ocasiones, enormemente imprevisible. Veremos qué nos depara esta inédita alianza de gobierno.

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