Reseña Gran Hotel Abismo. Biografía coral de la Escuela de Frankfurt

Reseña de Emilio Daniel Villarreal, investigador en prácticas de la Universidad Autónoma de Madrid

Gran Hotel Abismo. Biografía coral de la Escuela de Frankfurt, de Stuart Jeffries
Editorial Turner, Madrid, 2018, 484 páginas


El periodista inglés Stuart Jeffries nos ha regalado un libro de fácil lectura sobre uno de los grupos de intelectuales más complejos (y nocivos) del siglo pasado. Ya en el propio título (Gran Hotel Abismo) se recuerda cómo el filósofo marxista húngaro Georg Lukács describió la posición que adoptaban los miembros más afamados de dicha escuela (Adorno y Horkheimer, fundamentalmente).

Aunque, en un primer momento, observemos cómo el autor se aproxima desde la simpatía hacia este selecto (e influyente) grupo de autores, a lo largo del libro la impresión queda diluida en la medida en que nos transmite escabrosos detalles de las vidas íntimas de algunos de los personajes más importantes: Marcuse y su influencia en una de las musas del feminismo contemporáneo, la terrorista Angela Davis; Horkheimer y su affaire con una prima que escandalizó a los padres de ambos, o las vidas como niños mimados de Adorno y un Walter Benjamin que, en el momento en el que la ruina le impidió vivir de su padre, pasó a vivir de su esposa y de alguna de sus numerosas amantes.

En muchas de las vidas cruzadas descritas en el libro podremos apreciar la influencia de un Freud cuyas teorías sirvieron a algunos de los miembros de la Escuela como válvula de escape de una realidad familiar que consideraban asfixiante. Es, en este sentido, en el que deben comprenderse los constantes desafíos hacia unos progenitores acaudalados, partidarios del capitalismo y tremendamente escépticos respecto al judaísmo por parte de los pequeños Horkheimer, Benjamin o Adorno, quienes, en el fondo, se avergonzaban tanto de ellos mismos y de su procedencia social (la más rica y floreciente burguesía desarrollada al socaire del Imperio Guillermino) como del oficio que desempeñaban sus padres.

Sin embargo, algunos de los personajes producen una impresión más positiva. En primer lugar, un Erich Fromm que será “purgado” y apartado del grupo de los francfortianos por Horkheimer en el momento en que empieza a desarrollar un criterio propio que le llevará a rechazar la influencia de Freud en algunas de sus obras (¿extraña la manera de proceder de aquellos que pretendieron iluminar al mundo descubriendo cuán esclavizados nos encontrábamos los humanos bajo el mundo capitalista, o no?). En segundo lugar, un Habermas con el que el autor ha mantenido algunas entrevistas personales y a quien mostrará con cierta benevolencia, en la medida en que el sabio de Düsseldorf ha dedicado gran parte de su vida y de su obra a restituir y recuperar de las fauces oscuras de sus maestros el legado de la Ilustración y la modernidad.

El libro de Jeffries constituye una muestra de ese tipo de publicaciones que se hacen en el mundo anglosajón y que destacan por su rigor académico (para lo cual sólo hace falta reparar en su bibliografía, en la cantidad de citas y en las notas que, por desgracia, se sitúan al final del libro y no a pie de página) para comprender que el autor ha dedicado una considerable cantidad de tiempo en procesar un amplio volumen de información sobre un conjunto de autores fundamentales para el estudio y la comprensión del siglo XX (y, si me apuran, de lo que va de este siglo) y a conectarla con los acontecimientos que les tocó vivir.

Uno de los aspectos que resulta más llamativo es la atención que le dedica a un personaje (marginal en la Escuela de Frankfurt) como Walter Benjamin. Así, en su relato combina pasajes en los que parece un auténtico genio (sus interminables jornadas de trabajo en la Bibliothèque Nationale de France) con la inmadurez propia de un niño (especialmente ilustrativa es la afirmación que le dirige a sus padres acusándoles de haberlo convertido, con la educación y la protección que le dieron, en un hombre incapaz de prepararse una mísera taza de café).

Otro de los pasajes más brillantes es el conjunto de capítulos donde el inglés combina las reflexiones que, principalmente, Adorno y Horkheimer realizaron sobre la cultura de masas con la posición que ocuparon en su exilio en los Estados Unidos. En el caso de Adorno (un profesor que, antes de reunirse con sus compañeros, pasó por Oxford y tuvo que “humillarse” al compartir cafetería con los estudiantes y no con los profesores), su soberbia intelectualoide le llevó a despreciar tanto la música jazz, como a comparar los productos culturales estadounidenses (cine, radio, música) con la sociedad de la que se habían exiliado (el mismo Jeffries nos relata cómo en ese momento de su vida Adorno catalogó como fascismo todo aquello que le disgustaba). Ciertamente, tanto él como Horkheimer acertaron cuando describieron los peligros que llevaba aparejada la llamada “cultura de masas”, pero fueron incapaces de desentenderse de sus prejuicios ideológicos al presentárnosla como el producto más refinado preparado por el capitalismo estadounidense para someter a todos los individuos.

Herbert Marcuse, que terminó por instalarse definitivamente en una “costa oeste” en la que residiría hasta su fallecimiento, es otro de los personajes importantes del libro en la medida en que –a partir de la publicación de Eros y civilización (1955) y, fundamentalmente, con su libro El hombre unidimensional (1964)– decidió, al contrario de lo que defendieron siempre tanto Horkheimer como Adorno, apoyar a aquellos, esencialmente estudiantes, que querían llevar a la práctica aspectos del modelo de pensamiento elaborado por los francfortianos (¿les suenan mayo del 68 o Rudi Dutschke?). Este cambio súbito, tal y como nos relata el periodista inglés, le costó la ruptura de su relación con un Adorno que viviría el final de sus días con la etiqueta de cobarde y repudiado por aquellos estudiantes a los que tanto había influido con sus publicaciones.

Una pregunta recorre gran parte del libro sin resolverse: ¿por qué estos intelectuales, horrorizados por la tiranía en la que el capitalismo estaba sumiendo a la humanidad prefirieron Alemania Occidental o los Estados Unidos como lugares de residencia tras la Segunda Guerra Mundial? El periodista inglés, sin embargo, opta por mantener una distancia prudencial describiendo la hipocresía y el cinismo de estos grandes próceres de la intelectualidad moderna, en lugar de escrutar y enjuiciar su conducta.

En resumidas cuentas, estamos ante un libro ameno, sugestivo y de gran actualidad, ya que, como comprobarán aquellos que decidan adentrarse en su lectura, la herencia de la Escuela de Frankfurt en la teoría política y social del mundo contemporáneo es, por desgracia, amplísima. Los pasajes finales, por el contrario, parecen redactados de una manera excesivamente precipitada, puesto que la obra de Habermas es despachada con mayor rapidez que las demás (siendo, como a mi juicio es, el teórico más importante que nos ha legado esta escuela) y, en tanto y cuanto decide acabar con ella, ha dejado sin tratar al grupo de autores liderado por Axel Honneth y Wolfgang Streeck que, aunque pertenezcan a la que se conoce como tercera generación, no dejan de ser filósofos y sociólogos que ya superan con creces los 60 años y que cuentan con un reconocido prestigio y un número importante de publicaciones merecedoras de ser incluidas en este epitafio en forma de libro.

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