Análisis Elecciones en Colombia: una segunda vuelta decisiva

María Jimena Escandón es coordinadora de la red de exbecarios de FAES en Colombia


Colombia nunca había visto unas elecciones en las que la derecha y la izquierda se disputaran el poder. No obstante la situación de Venezuela, de la cual Colombia es testigo y conoce bien su drama humanitario, esta es la primera vez que un candidato de izquierda encuentra la posibilidad real de llegar a la presidencia.

Los resultados electorales del pasado 27 de mayo para el periodo constitucional 2018-2022 arrojaron una ventaja de 14 puntos para Iván Duque, el candidato de derecha, quien obtuvo un 39% de la votación (7.567.488 votos) sobre un 25% de Gustavo Petro, el candidato de Izquierda, con 4.850.549 votos.

Estas elecciones marcaron grandes diferencias frente a los demás procesos electorales en el país. Con una votación de más de 19.632.013 personas, esta es la primera vez que Colombia logra superar el margen de abstención con un 53,3% de votos. También fue la primera vez que se realizaron unos comicios en paz, sin quemas en las mesas de votación o constreñimiento por parte de grupos al margen de la ley.

Adicionalmente, y es tal vez lo que más llama la atención de este proceso, esta es la primera vez en que no funcionaron las maquinarias electorales tan arraigadas en los comicios de nuestro país. Dos lecturas tiene este hecho: ausencia de recursos tras el campanazo de los dineros de Odebrecht y/o división ideológica profunda en el país.

Para la segunda vuelta, a realizarse el próximo 17 de junio, el país se juega la definición de un modelo económico e incluso la propia democracia, y aunque la distancia de Duque hace pensar que liderará las elecciones, hoy no todo está cantado. Los votos del centro representados por Fajardo (4.588.300) simbolizan una sociedad que no ve en ninguna de las dos opciones un modelo a seguir. Fajardo ya anunció su voto en blanco, mientras que miembros de su equipo de trabajo como Antanas Mockus anunciaron su adhesión a la izquierda, al igual que varios formadores de opinión y periodistas.

Por su parte, Germán Vargas Lleras, con un resultado impensable –1.407.584 votos y un 7,5%– anunció su adhesión a Iván Duque. Al igual que lo hizo el partido Liberal, quien obtuvo un 3% con 399.107 votos.

Las últimas encuestas siguen dando a Duque como ganador con un 20% a favor. Sin embargo, Petro ha tenido una tendencia al alta y el tiempo empieza a jugar en contra. Para el próximo 17 de junio se espera que crezca la abstención –pues el país estará en vacaciones de medio año– y el voto en blanco, el cual se presume estará entre el 12% y el 14%.

Las fuerzas en el Congreso
La nueva reconfiguración del Congreso, tras las pasadas elecciones del 11 de marzo, marca una tendencia preponderante de ideología de centro conservadora que le será útil a Iván Duque para su gobernanza, en caso de que logre ganar las elecciones. No obstante lo anterior, las fuerzas de centro izquierda también lograron aumentar su representación en el Congreso, con lo cual se puede afirmar que tendrá una oposición con más voz y visibilidad, que se hará sentir frente al manejo del tratado de paz, postconflicto, negociaciones con el ELN y fin de la violencia con grupos armados.

Por el contrario, en caso de que Gustavo Petro logre hacerse a la presidencia, encontrará en el Congreso un bloque importante de congresistas que hará un fuerte contrapeso frente a las políticas que ha socializado durante su campaña en temas fundamentales para el país como lo son el modelo económico extractivo (minería y petróleo), Sistema de Salud, (EPS), temas laborales y derecho de propiedad inmobiliaria, entre otros.

En relación al partido Liberal y el Partido de la U, si bien los primeros ya anunciaron su adhesión a Iván Duque, lo cierto es que existen profundas diferencias ideológicas que harán suponer una distancia en los temas de paz, algunos temas sociales e incluso en temas económicos pro-industria. Lo mismo ocurre con el Partido de la U, del que se supone tendrá como objetivo defender el legado del gobierno Santos en materia de paz y mantener los visos de su política económica.

Para concluir, tras el proceso de paz adelantado por el gobierno Santos, Colombia cambió. Cualquiera de los dos candidatos que logre acceder al poder encontrará un país profundamente dividido como hace 60 años no ocurría. Los partidos tradicionales se encuentran completamente desdibujados: un grueso de la población se ve representada en el Centro Democrático que representa el “NO” al proceso de paz y se aferra a la institucionalidad para combatir al terrorismo; mientras que otro tanto, izquierda y centro, ven en Álvaro Uribe el regreso de un sistema cuestionado y por tanto suponen que la negociación es una salida al conflicto, creyendo que un personaje de la talla de Petro podrá, vestido de oveja, hacer tránsito a un proceso que hoy se encuentra empantanado.

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