Anotaciones FAES 82
Un poco de calma: el Gobierno sigue “trabajando” en los Presupuestos –lleva tres años en ello, como el Cónclave de Viterbo–, y Sánchez pidió ayer que no le atosiguen porque “estamos gestionando una de las mayores crisis de mi mandato”. No habían pasado ni 24 horas desde que, el día anterior, en otra rueda de prensa, la vicepresidenta tercera llamase a la «tranquilidad» justo por todo lo contrario, asegurando que «la situación actual con la guerra de Irán dista de la situación vivida con la de Ucrania«, porque la dependencia española del suministro que llega de Ormuz no es relevante. En el mismo sentido se pronunció el ministro de Economía. Hasta el punto de ser repreguntado en estos términos: “ministro, si no le he entendido mal, esto no es como Ucrania, los efectos no son parecidos a los de Ucrania y, por tanto, ¿podemos esperar que las medidas van a ser mucho más suaves que las medidas de Ucrania?”
Si en 24 horas el Ejecutivo se rectifica a sí mismo sobre la dimensión de la crisis que dice disponerse a paliar, todavía le quedan 48 para ratificar que la dirección política del país, para el sanchismo, es un prolongado ejercicio de equilibrismo, propio de saltimbanquis fulleros. Mientras todos los países de nuestro entorno tomaban medidas, aquí había que esperar a que pasaran unas elecciones autonómicas, no fuera que en el Congreso estallaran las contradicciones de la mayoría negativa que sostiene a Sánchez. Si habrá o no medidas sobre vivienda, si estarán más o menos teñidas de demagogia populista, si se incidirá en el alivio de la presión fiscal sobre los sectores más comprometidos… en fin, cuál será el diseño del “paquete”, no dependerá, una vez más, de las necesidades objetivas del país, sino de los apuros parlamentarios del Gobierno; de los vetos cruzados entre Sumar, ERC y Podemos, por un lado, y de Junts y el PNV por el otro. Y, por supuesto, de que el sudoku antinacional en que consiste esta legislatura siga excluyendo, por principio, al PP.
El pronóstico para este viernes es incierto: ¿nuevo decreto ómnibus?, ¿izquierdismo a todo pasto para el común, con sustanciosas exenciones para los periféricos? Lo único seguro es que se reproducirá la constante de los últimos años, porque de eso depende Sánchez: absoluto olvido del interés nacional en el diseño de las medidas que se propongan; cálculo partidista y nueva demostración de que lo que tenemos es la expresión hiperbólica de un Poder faccioso. No aprenden, y eso que ya son tres las ocasiones en que los españoles han hecho del “escudo social” un bumerán.