PAPELES 194FAES publica La crisis migratoria de la UE. Una triple perspectiva: Reino Unido, Alemania y España

    _ Goodhart (RU)-. “Mantener los flujos migratorios en niveles moderados es ahora una de las tareas fundamentales del Estado moderno”

    _ “1,5 millones de refugiados al año no son triviales para un continente de 500 millones si además no se distribuyen de forma equilibrada”

    _ Göbel y Abmeler (Alemania)-. “Es necesario seguir haciendo frente a las causas de la migración y armonizar las normas de asilo en la UE”

    _ “Alemania ha demostrado ser capaz de gestionar con eficacia el flujo de refugiados: 890.000 personas en 2015”

    _ Herrera (España)-. “La sostenibilidad del modelo europeo de ‘economía social de mercado’ pasa necesariamente por abrir las puertas a nuevas personas”

    _ “La supervivencia de la sociedad occidental dependerá de nuestra capacidad para integrar a los que llegan con esquemas de valores diferentes”

La Fundación FAES ha publicado un nuevo Papeles sobre la crisis de refugiados y desplazados que afronta la Unión Europea desde septiembre de 2015. Su propósito es ofrecer una triple perspectiva de las experiencias del Reino Unido, Alemania y España, a través de un documento que analiza los modelos migratorios de dichos países y las consecuencias sociales y políticas internas, y que subraya las diferentes aproximaciones a la cuestión y los primeros resultados de la política de cuotas de la UE.  

Reino Unido: flujos moderados
El caso británico es pormenorizado por el director de Demografía, Inmigración e Integración del think tank Policy Exchange, David Goodhart, que afirma que “mantener los flujos migratorios en niveles moderados y centrarse en integrar a las personas cuando llegan es una de las tareas fundamentales del Estado moderno”. “Las sociedades no son solo conjuntos aleatorios de individuos, por tanto no pueden absorber fácilmente constantes flujos de entrada y conservar cierto sentido de identidad cultural”, explica.

En este sentido, precisa que “la idea de que 1,5 millones de refugiados al año son triviales para un continente de 500 millones no solo ignora el efecto acumulativo, sino también el hecho de que no se distribuyen de forma equilibrada y se están concentrando en 30 o 40 zonas urbanas del norte de Europa occidental”.

Para Goodhart, por tanto, “hay que elegir a los más necesitados en lugar de permitir que la gente con más dinero y posibilidades nos elijan ellos a nosotros, como sucede ahora. Y en cuanto al resto, lo que debemos hacer es convertir los campos de refugiados en pequeñas ciudades dignas, con escuelas, clínicas y puestos de trabajo, en las que la gente esté lo más cerca posible de sus hogares y puedan prepararse para reconstruir su país cuando vuelva la paz”.

Alemania: Dimensión europea de la crisis
A juicio de Benedict Göbel y Karlies Abmeler, de la Fundación Konrad Adenauer, la ‘crisis europea de los refugiados’ tuvo su punto de inflexión el 4 de septiembre de 2015, fecha en que los cancilleres de Alemania y Austria, Angela Merkel y Werner Faymann, “deciden conjuntamente abrir las puertas de sus respectivos países a los refugiados para evitar un desastre humanitario”. Una “enorme ola de compromiso civil” se une al miedo y la xenofobia y se intensifican los debates sobre la identidad alemana.

El resultado, “a pesar de las críticas de la extrema derecha y de la extrema izquierda, es que Alemania ha demostrado ser capaz de gestionar con eficacia el flujo de refugiados, y con ayuda de voluntarios y la colaboración de todos los actores públicos y privados que forman parte del proceso, dio refugio a 890.000 personas en 2015”. “A partir de ahora, el éxito futuro de la política de refugiados de Alemania dependerá del éxito de su política de integración”, aseveran.

Göbel y Abmeler señalan que “Alemania, Hungría y Suecia recibieron el 62 por ciento de todas las solicitudes de asilo presentadas en la UE en 2015. Esto explica por qué Alemania concede tanta importancia a una solución común, en la que se impliquen los 28 Estados miembros”. “El Gobierno alemán ha hecho hincapié en la dimensión europea de la crisis y ha contribuido, en la medida de lo posible, al desarrollo de una solución sólida y coherente”, aseguran los autores, que consideran que “en el ámbito europeo, es necesario seguir haciendo frente a las causas de la migración y armonizar las normas de asilo en la Unión”.

España: debate sin demagogias  
Por su parte, el director del área de Internacional de la FAES, José Herrera, defiende que “Europa necesita afrontar seriamente y sin demagogias su futuro. Si las naciones europeas continúan envejeciendo y pretenden mantener sus sistemas de bienestar, necesitarán incorporar a millones de inmigrantes para evitar el estancamiento, cuando no el colapso”. “Las políticas migratorias del pasado son mecanismos obsoletos frente a la creciente presión migratoria. La sostenibilidad del modelo europeo de ‘economía social de mercado’ pasa necesariamente por abrir las puertas a nuevas personas”, apostilla.

La supervivencia de la sociedad occidental dependerá de nuestra capacidad para integrar a los que llegan con esquemas de valores diferentes. La democracia, el Estado de derecho, la igualdad entre hombres y mujeres, la separación de poderes, la libertad de credo, son valores fundamentales que deben ser aceptados por todos los ciudadanos como elementos vertebradores”, insiste.

Herrera, asimismo, centra su análisis en el programa de acogida y redistribución de refugiados puesto en marcha desde las instituciones europeas, del que afirma “adolece de la claridad y el liderazgo necesarios para ser creíble”. “La dificultad para distinguir entre refugiados e inmigrantes, los aspectos demográficos y económicos aducidos por los países miembros y el evidente sesgo moral de lo que se reclama ha terminado por generar un conjunto argumental difícilmente abarcable por los ciudadanos”, apunta.  

En este sentido, recuerda que “la Comisión Europea ha reprochado al Ejecutivo español su falta de compromiso para con los refugiados”, pero señala que “los pobres resultados son achacables a la falta de coordinación entre los socios europeos y a la complejidad del mecanismo de reparto establecido por la UE”. “España se ha mostrado como un país abierto a la inmigración y se encuentra de momento al margen de la ola de xenofobia, racismo y rechazo al extranjero que se ha extendido por diferentes países”, subraya.

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