Por qué la reivindicación de independencia de Cataluña carece de fundamento*

La semana pasada el presidente de la Generalitat de Cataluña pronunció un discurso apocalíptico en Bruselas. Carles Puigdemont defiende el derecho de Cataluña a la autodeterminación basándose en que los catalanes tienen “una larga historia colectiva y una cultura propia”, y se aferra al nacionalismo cultural como medio para justificar la postura secesionista del Gobierno catalán. Al hacerlo se olvida de que, durante esa larga historia colectiva, Cataluña nunca ha sido una nación política independiente o un estado en términos modernos.

Cataluña, antes de incorporarse  a la Monarquía Hispánica con  la unión de la Corona de Aragón y la Corona de Castilla en 1469, era parte de la Corona de Aragón. Los catalanes han desempeñado desde entonces un papel esencial en la conformación de la identidad española y en los principales sucesos de la historia moderna del país, como la elaboración de la Constitución de 1812 que estableció la soberanía de la nación española, donde los representantes catalanes apoyaron con entusiasmo la promulgación de la Constitución en las Cortes de Cádiz.

Cataluña no es una influencia menor en la política española –ni mucho menos. Dos de los siete padres fundadores de España, responsables de la actual Constitución del país, son de origen catalán. Esta Constitución se basa en la unidad indisoluble de la nación española. Su ratificación en 1978 fue el resultado de un amplio consenso entre diversos partidos, incluyendo los nacionalistas catalanes del partido de Puigdemont, y recibió el apoyo de más del 90 por ciento de los votantes catalanes en un referéndum.

El fundamento cultural sobre el que Puigdemont pretende apoyar el proyecto secesionista del Gobierno catalán no tiene ninguna consistencia. Los catalanes y el resto de los ciudadanos españoles comparten una larga historia colectiva, incluyendo un idioma, el castellano –conocido universalmente como español– que es tan catalán como el idioma catalán mismo, teniendo en cuenta que se ha hablado en Cataluña desde el siglo XV. No tendría sentido romper esta historia compartida por un capricho inducido por la propaganda de los partidos nacionalistas catalanes.

Según Puigdemont, el Gobierno español “dice no a la cuestión lingüística, no a la cuestión sobre impuestos… Sin democracia. Sin voto. Es muy difícil hablar con el Gobierno español”. Este es un fiel reflejo de la propaganda victimista que los nacionalistas han estado difundiendo durante más de tres décadas. Pero ese discurso se compadece mal con la amplitud del autogobierno catalán: Cataluña es en la actualidad uno de los territorios con mayor autonomía del mundo.

Los catalanes, al igual que el resto de los españoles, votan en elecciones locales, autonómicas, generales y europeas. Sin embargo, al igual que los bávaros, corsos y vénetos no son sujetos del derecho de autodeterminación –principalmente porque ninguna de estas regiones cumple los requisitos fijados por la ONU– tampoco lo son los catalanes. Puigdemont afirma que el Gobierno español “dice no a la cuestión lingüística”, precisamente él que preside el único gobierno regional del mundo que niega el derecho a educarse en su lengua materna a la mayoría de su población.

La exclusión del español en Cataluña no tiene parangón. Pero Puigdemont, claro está, no mencionó eso durante su visita a Bruselas. Igualmente evitó admitir que no hay una mayoría de votantes en Cataluña a favor de la secesión. Tampoco dijo que la exigua mayoría parlamentaria que sustenta su gobierno descansa sobre un partido anticapitalista que apoya la salida de Cataluña de la Unión Europea.

La aspiración de los secesionistas a debilitar nuestro pacto constitucional de 1978 pretende privar al pueblo español de su soberanía nacional. Un error funesto.

No deberíamos olvidar que no hay Estado democrático en el mundo que dé a las regiones que lo constituyen el derecho a la autodeterminación. La unidad indisoluble consagrada en la Constitución española también aparece en las Constituciones italiana, francesa, alemana y estadounidense. El hecho de que nuestra Constitución no contenga cláusulas de intangibilidad significa que puede modificarse, pero debemos evitar hacer uso de esa adaptabilidad de nuestra Constitución para menoscabar su propósito principal: la coexistencia pacífica del pueblo español.


* Texto publicado originalmente en inglés en Político: http://www.politico.eu/article/why-catalonias-call-for-independence-is-unfounded-carles-puigdemont-speech-brussels/

Traducción de Clara Ayuso

#Constitución #nacionalismo cultural