Benoît Hamon como símbolo de los problemas del socialismo francés

Los pasados domingos 22 y 29 de enero se han celebrado elecciones primarias para la elección del candidato a presidente de la República del Partido Socialista Francés (PSF) del próximo mes de mayo. Y el resultado ha dejado claro que los militantes que han participado han apoyado mayoritariamente al sector izquierdista rebelde, conocidos desde finales de 2014 como “los frondistas”, representados por la figura del exministro de Educación Benoît Hamon, frente al guardián de las esencias de las políticas de los años de mandato del presidente Hollande y sus reformas, representado en las primarias, tras la deserción de François Hollande, por el ex primer ministro Manuel Valls, cabeza del grupo de militantes conocidos como “los reformistas”.

En general, las primarias socialistas de 2017 han sido bastante decepcionantes en muchos aspectos. Cuando se convocaron el pasado otoño, se pretendía que fueran el foro de discusión y de creación de una nueva plataforma política que reagrupase a todos los candidatos de las fuerzas de izquierdas, ya que estaban abiertas a candidatos externos al propio PSF. Pensaron en congregar a los candidatos de partidos socios del Gobierno Valls, como el PRG o EELV, e incluso a fuerzas más radicales como el FG o el NPA, con el objetivo de conseguir un candidato unitario para mayo. Pero pronto los candidatos como Jean Luc Mélenchon, Christine Poupin y hasta Emmanuel Macron rechazaron esa opción y solamente la líder del PRG, Sylvia Pinel, el líder del PE, François de Rugy, y el líder del FD, Jean Luc Bennahmias, participaron finalmente en estas primarias junto con los candidatos propios, que fueron Hamon, Valls, Vicent Peillon y Arnaud Montebourg, el primer líder de los rebeldes “frondistas” en 2014.

La primera vuelta del pasado 22 de enero ya marcó las tendencias de lo que iba a pasar. A pesar de los esfuerzos de movilización de los socialistas, oficialmente acudieron a votar 1,6 millones de personas, lo que contrastaba con los más de 2 millones esperados. Benoît Hamon fue el más votado con algo más de 596.000 votos y un 36,5%, y su rival en segunda vuelta sería Manuel Valls, con el 31,9% de los votos (algo más de 521.000 votos). La sorpresa fue este segundo puesto del antiguo primer ministro y la eliminación del mentor de los rebeldes, Montebourg, que fue eliminado con solo 290.000 votos y un 17,7%. Pero esa misma noche, el duelo quedó bastante resuelto cuando Montebourg y Peillon llamaron a votar a Hamon como el candidato, lo que le aseguraba la mayoría. Solamente Pinel pidió el voto para Valls, por lo que todo estaba cerrado para la votación del 29 de enero. En segunda vuelta, por tanto, Hamon con un 58,7% (1,18 millones de votos) se impuso claramente a Valls (830.000 votos y un 41,1%).

A pesar de los llamamientos a la unidad del partido y de las fuerzas progresistas del propio Hamon, las divergencias internas han aflorado rápidamente. Debido al papel que el propio candidato y el exministro Montebourg tuvieron en la rebelión de los diputados socialistas contra los proyectos del Gobierno Valls desde marzo de 2014, dirigiendo el movimiento de resistencia de los diputados –que públicamente se posicionaron en contra de las leyes presentadas por el Gobierno y lo llevaron en dos ocasiones al borde de la moción de censura. Actualmente, los frondistas cuentan con entre 40 y 60 diputados (incluido Hamon) y los reformistas entre 60 y 80 de un total ambos de 273 diputados. En estas circunstancias, el pasado día 31 de enero se convocó una reunión del grupo parlamentario socialista para intentar cerrar heridas y comenzar las negociaciones para una candidatura amplia de izquierdas con los ecologistas, radicales y los grupos de izquierda radical para evitar el escenario de que en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales no haya ningún candidato de esta ideología.

Con este panorama, es la hora de Hamon. Debe mostrarse como un líder que sea capaz de salir de su posición de extremista rozando el filibusterismo obstruccionista que ha venido practicando casi tres años, intentado detener los proyectos de ley del presidente Hollande y del Gabinete Valls, cuando las rencillas internas no parecen fáciles de cerrar en las pocas semanas que faltan para el inicio de la campaña electoral de las presidenciales. Muchos moderados no le perdonan a su flamante candidato el daño de imagen pública que ha venido haciendo (sobre todo por firmar a favor de la moción de censura del Gobierno Valls en mayo de 2016) y ahora deberá ser flexible y conciliador para evitar que muchos moderados socialistas apoyen al candidato independiente de centro, Emmanuel Macron, antiguo ministro de Economía del Gabinete Valls y que parece ser el mayor rival de François Fillon por el segundo puesto para disputar a Marine Le Pen el cargo presidencial.

Ya ha habido varios apoyos socialistas a Macron y su movimiento desde que Hamon fue elegido candidato, hace pocos días, por lo que tendrá que darse mucha prisa y sellar la fuga de votos de centro-izquierda. Además, por el lado de la izquierda radical también tiene problemas, ya que Melenchon tampoco parece muy cercano a cerrar un acuerdo con los socialistas antes de las presidenciales de mayo y seguramente sólo se lo plantearía para la elecciones legislativas del mes de junio, lo que no ayuda a Hamon a arreglar su problema en las encuestas, que le vienen situando siempre fuera de la segunda vuelta de las presidenciales, al acreditar entre el 12 y el 15% de los votos en primera vuelta, quedando en el cuarto o quinto lugar.

Todo parece bastante desalentador para este candidato socialista, pero no olvidemos que Hamon en un hombre del partido desde los 17 años, fue el gran líder renovador de las Juventudes Socialistas francesas en los años 80 y ha sido un político que ha venido ascendiendo todos los escalafones del poder hasta que llegó a ministro finalmente en 2014, aunque sus diferencias con Valls hicieron que esta experiencia de gobierno quedara reducida a unos pocos meses tras declararse en contra del giro al centro reformista de los líderes socialistas franceses. Ahora ha podido imponer su línea política al PSF, pero deberá seducir a los votantes moderados y extremistas a la vez si quiere sobrevivir como líder político. Y no lo tiene nada fácil ni tiene mucho tiempo para esta labor. Pero la debilidad del candidato Fillon y la falta de experiencia del candidato Macron le deja una posibilidad. De todas maneras, lo sabremos pronto.

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