Elecciones en Francia Emmanuel Macron consigue una nueva oportunidad para el sistema republicano francés

Eduardo Inclán es Maître en Histoire por la Universidad de Toulouse II-Le Mirail

El pasado domingo 23 de abril se celebró la primera vuelta de las elecciones para la elección del candidato a presidente de la República y los resultados han sido muy cercanos a los que indicaban todos los sondeos y encuestas previas, lo cual ya es algo destacable en estos tiempos. Aunque el proceso de recuento se alargó hasta más allá de las cuatro de la mañana, sin embargo no deparó sorpresas finales, por más que el candidato de La France Insoumise, Jean-Luc Melenchon, pidiera a los medios aguardar para hacer un análisis de los resultados, esperando una remontada. Pero no llegó.

Así, los resultados oficiales certificaron el triunfo del exbanquero y exministro de Economía, Emmanuel Macron, con más de 8,6 millones votos, el 24% de los votos emitidos, quien se disputará la presidencia de la República con la segunda candidata más votada, Marine Le Pen, presidenta del Frente Nacional, con más de 7,6 millones de sufragios, el 21,3% de los votos. Ambos candidatos ya han acordado un debate en televisión para el próximo día 3 de mayo, lo cual demuestra cómo estos líderes tienen ganas finalmente de enfrentarse cara a cara tras los eternos debates a once de la primera vuelta. Los otros nueve candidatos quedaban eliminados, aunque entre ellos hay tres casos a destacar.

El candidato conservador, François Fillon (Le Republicains), queda fuera de la segunda vuelta a pesar de ser tercero y obtener más de 7,2 millones de votos, el 20% de los sufragios emitidos. Finalmente, no ha podido superar la crisis de confianza que sus finanzas familiares han provocado en el electorado, tras el estallido del caso de los empleos ficticios de su esposa y sus hijos cuando era diputado en la Asamblea Nacional. Es la primera vez que el candidato de la derecha gaullista y liberal queda fuera de la segunda vuelta de unas presidenciales, lo que ha provocado desde la misma noche electoral un movimiento de llamamiento a la reunificación de las bases de esta formación, y se augura el resurgimiento de debates internos en la formación.

La figura mediática de la noche electoral también fue el cuarto clasificado, Jean-Luc Melenchon, líder de la coalición de izquierdas La France Insoumise, que obtuvo más de 7 millones de votos, el 19,5% del total. Este antiguo exmilitante, senador y ministro socialista en los gobiernos de Lionel Jospin, ahora, a los 65 años, se ha convertido en el líder de la coalición que gana entre los votantes jóvenes, los anticapitalistas y los euroescépticos de izquierdas, a los que se unen los que quieren un cambio en la Constitución de 1958. Y frente a otras figuras de la política, en la noche electoral primero se negó a aceptar los resultados, esperando la remontada frente a Fillon y Le Pen, y, en segundo término, a dar su apoyo para la segunda vuelta a ningún candidato, dejando abierta las puertas a la abstención activa final, actitud muy criticada, por irresponsable, en la casi totalidad de los medios de comunicación.

Y finalmente, el quinto clasificado de la noche, Benoît Hamon, el candidato socialista, que se convirtió en el gran derrotado de la noche, al obtener solamente 2,26 millones de votos, el 6,36% final, arrastrado por una mala campaña que nunca llegó a ilusionar al votante de izquierdas tradicional, y acumular los errores de su gestión política durante el bloqueo del gobierno de Manuel Valls y el desgaste electoral del propio quinquenato presidencial de François Hollande, quien tuvo que renunciar a la reelección ante las malas perspectivas. Hamon se vio desbordado por el empuje de la candidatura de Melenchon desde hacía semanas, además de ver cómo el sector más liberal y centrista del PSF, con figuras socialistas como el alcalde de Lyon o el propio ex primer ministro Valls, se alineaba con la candidatura de Macron rompiendo la disciplina del partido.

De este modo, los franceses han elegido el duelo final entre dos modelos de sociedad bastante enfrentados y casi nada en común. Emmanuel Macron es europeísta y partidario de la globalización, adepto a acelerar las reformas de la economía y de la propia Administración del Estado, pero también a coger el timón y aumentar el papel de Francia en los cambios que tienen que producirse en la UE a partir de 2018. Defiende que liberar la economía del encorsetamiento legal actual traerá el crecimiento y el aumento del empleo en Francia los próximos años.

Por el contrario, Marine Le Pen es aislacionista y negadora de participar en la UE, quiere romper con el euro como divisa y volver a una moneda nacional controlada exclusivamente por el Banco de Francia, además de imponer en la economía y la sociedad el principio de “France debout” o “Primero Francia”, expulsando a los extranjeros que no trabajen o aporten fondos al Estado y reservando a los nacionales los puestos de trabajo que surjan en los próximos años. Partidaria de apoyarse en Rusia o en el gobierno de Donald Trump para conseguir el control de las fronteras, la economía o el comercio bilateral, aunque sean más pequeños que los del actual modelo globalizado, pero sin el control de las instituciones nacionales francesas.

Los grandes partidos ya han señalado que su candidato en la segunda vuelta será Macron, dejando claro el funcionamiento del “pacto republicano” que evite el triunfo de la candidata de extrema derecha el próximo 7 de mayo. Fillon, Hamon, Hollande, Sarkozy, Valls, Raffarin, Juppé, Ayrault, los pesos pesados de LR, PSF y partidos de centro, han declarado enseguida su apoyo al candidato centrista. Solo ha quedado en evidencia Melenchon, que se niega a hacerlo, aduciendo que ambos candidatos son inaceptables. Y también ha llamado bastante la atención la demócrata cristiana y exministra conservadora, Christine Boutin, al negarse a votar al candidato Macron en ningún caso y abrir la posibilidad de votar a Marine Le Pen en la segunda vuelta, si hay un acuerdo en algunos puntos en los próximos días, rompiendo los llamamientos a la unidad de los conservadores franceses para poder vencer en las elecciones legislativas del próximo mes de junio.

Y ante este panorama abierto para la segunda vuelta, Macron parece que se convertirá en el salvador del régimen político actual en Francia, pero también del espíritu europeísta y reformista de la Francia del siglo XXI. A pesar de las lagunas políticas que muestra actualmente su proyecto de gobierno, Macron presenta a la mayoría de franceses un modelo ilusionante de cambios sin ruptura, de novedades sin aventuras, que espera ser atractivo para muchos votantes de izquierdas, de centro y de derechas. Enfrente aparece el tirón personal de Marine Le Pen entre diferentes perfiles a derecha e izquierda, que ha llevado al FN a su mejor resultado histórico en número de sufragios, atrayendo a nuevos sectores sociales hacia su candidatura, rompiendo el techo de su proyecto político, aunque es difícil que alcance el triunfo final. Por tanto, Macron será el presidente el próximo 7 de mayo, salvo sorpresa mayúscula, y tendrá la tarea de atraer hacia su gobierno y hacia el sistema político a ese aproximado 40% de votantes que se ha mostrado partidario de tumbar la Quinta República. Y Macron es la última esperanza. El éxito o el fracaso de esta misión lo veremos muy pronto.

 

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