Análisis FAES Elecciones Presidenciales en Chile 2017

Aldo Cassinelli y Constanza Castillo

Aldo Cassinelli es director ejecutivo del Instituto Libertad de Chile y Constanza Castillo es investigadora de la misma institución y exbecaria FAES


La elección del 19 de noviembre en Chile dejó varias sorpresas y material suficiente para muchos análisis de corte electoral. Partiendo por la implementación de varias leyes que se aplicaban por primera vez a nivel parlamentario y presidencial, relacionadas con el sistema electoral, financiamiento y propaganda. Al mismo tiempo, estos comicios tendrán efectos en la agrupación de fuerzas políticas para la segunda vuelta presidencial y la conformación del futuro Congreso nacional.

A nivel presidencial algunos hitos son tan claros que es difícil no mencionarlos de inicio. La irrelevancia a la cual llegó el Partido Demócrata Cristiano (PDC) es uno de ellos. Si bien aún forman parte de la coalición de gobierno que lidera Michelle Bachelet desde La Moneda, decidió incursionar en lo que denominaron el camino propio con Carolina Goic, decisión que los ha conducido a ser una fuerza marginal a nivel presidencial con menos del 6% de los votos.

La ambigüedad en la cual se ha movido esta colectividad con el paso de los años, desde ser el eje articulador con el Partido Socialista de la principal coalición política que ha tenido Chile, dando vida a la ya extinta Concertación, hasta ser el vagón de cola de un acuerdo político-programático llamado Nueva Mayoría, en el cual el Partido Comunista conducía y ellos acataban. El resultado no está fuera de lo proyectado por múltiples analistas y políticos de diferentes sectores.

El candidato de la Fuerza de la Mayoría, Alejandro Guillier, coalición gobernante (sin el PDC) no tuvo mejor suerte. Si bien en cuanto a resultados se empinó por sobre los 22 puntos, es la votación más baja jamás alcanzada por la coalición de izquierda tradicional en el país. Esta alianza conformada por el Partido Socialista, Partido por la Democracia, los Radicales y el Partido Comunista como base, no logró movilizar a su electorado, incluso considerando que la propia Presidenta jugaba para que así sucediera.

Lo relevante, en este caso, es que con dicha votación alcanzaron a pasar al balotaje y con ello tener una segunda oportunidad para competir por la presidencia del país.

En el caso de la centro-derecha las cosas no fueron tan distintas en cuanto a sorpresas. El surgimiento de un candidato alternativo como José Antonio Kast, que se presentó como independiente y sin el apoyo de Chile Vamos, y que profesaba las ideas más conservadoras del sector, logró acaparar un no despreciable 8% de la votación general. Con un discurso directo, lleno de guiños a la derecha más dura y al régimen militar, movilizó a aquellos votantes que anhelan a alguien que compita por convicción y no necesariamente para ganar, donde los principios están por sobre las posibilidades de triunfo electoral. Así, estuvo en disputa una derecha más pragmática contra una más doctrinaria.

Si bien Sebastián Piñera, el candidato de la coalición formada por los principales partidos de la centro-derecha, alcanzó la votación más alta y se separó por más de 14 puntos de su seguidor, la sensación después del conteo de votos no es la mejor. Quizás las altas expectativas jugaron en su contra, ya que se daba como seguro ganador, aun cuando esto ocurriera en segunda vuelta.

Ahora la tarea es recomponer su equipo, incluir nuevos rostros, modificar su mensaje y re-articular su coalición; no son pocas cosas en sólo cuatro semanas para enfrentar la elección final. Si bien tiene la primera opción, ya que cuenta como base con los votos del candidato independiente, que lo dejan con prácticamente el 44% de las preferencias.

Dejamos para el final la gran sorpresa de estas elecciones, la altísima votación de la candidata del denominado Frente Amplio, Beatriz Sánchez, una periodista sin experiencia política que se incorporó a última hora a la carrera presidencial y que estuvo a menos de 2 puntos de desbancar a la coalición de centro izquierda con su 20% y pasar a segunda vuelta. Representando a una posición mucho más radical dentro del espectro político, ha logrado convocar a muchos jóvenes sin identificación previa, pero con múltiples causas sociales que han visto en ella una alternativa a los poderes ya establecidos.

Si bien la irrupción de una fuerza política así no es nueva, ya había pasado el 2009 con otro candidato de izquierda, como Marco Enríquez-Ominami, la novedad es que ahora son muchas pequeñas agrupaciones ciudadanas que han tomado representación política para competir. Además, la gran diferencia es que el Frente Amplio logró una representación en el Congreso de 20 diputados y un senador, lo cual los convierte en una fuerza relevante en el próximo Congreso que se instala en marzo de 2018.

En cierta forma está en las manos de esta nueva fuerza política la definición del próximo presidente de Chile, ya sea por un apoyo explícito al candidato de la izquierda tradicional o por la ausencia de definición, lo que podría evitar que ese caudal electoral se incline por alguna alternativa y permita al candidato de centro-derecha ganar con los votos que sumaría de Kast.

Sin duda la discusión y el debate político en Chile no terminarán con el resultado de la segunda vuelta.

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