Análisis Una nueva Córcega se suma a la lista de retos pendientes de Macron

Eduardo Inclán es maître en Histoire por la Universidad de Toulouse II-Le Mirail


Los pasados domingos 3 y 10 de diciembre se celebraron por primera vez en la historia unas elecciones en la isla mediterránea de Córcega para la elección de la nueva Colectividad Única de Córcega, un ente de gestión que reúne la Asamblea de Córcega, el Consejo Ejecutivo y las competencias y presupuestos de los dos antiguos Consejos Departamentales en que se dividía la isla hasta ahora. Se eligieron un total de 63 miembros para la nueva composición de la Asamblea, de donde saldrán elegidos en la primera sesión el presidente y los 10 componentes del Consejo Ejecutivo que gestionará la institución. Todo ello hizo que éstas no fueran unas elecciones regionales cualesquiera, sino un momento fundacional decisivo para los próximos años del devenir de la isla y de sus relaciones con el resto de la Francia Metropolitana.

Esta nueva Colectividad, que contará con un presupuesto anual de algo más de mil millones de euros para una isla de 325.000 habitantes y algo más de 8.700 kilómetros cuadrados, asumirá gran parte de las competencias en gestión del territorio y medio ambiente, transporte, infraestructuras, desarrollo económico, urbanismo, educación, cultura y deporte. La nueva Asamblea no tiene poderes legislativos, sino de control de la acción y del presupuesto que maneje el Ejecutivo, y siempre desarrollando y aplicando las leyes que apruebe el Gobierno de Francia y la Asamblea Nacional.

Pero es verdad que el resultado de las urnas ha sorprendido por la amplitud del abstencionismo para unas elecciones regionales bastante decisivas (un 47% en ambas vueltas, a pesar de los llamamientos para movilizar a los republicanos franceses), así como por la contundencia de la victoria de los nacionalistas corsos. La plataforma nacionalista Pè a Corsica (Por Córcega), surgida de la fusión de los partidos Femu a Corsica (nacionalistas) y Corsica Libera (cercanos a independentistas), que gobierna la región desde diciembre de 2015, ha obtenido una gran mayoría. En la primera vuelta, el 45,36%, y el 56,46% en la segunda, para un total de 41 escaños en la nueva Asamblea; es decir, 17 actas más que en la anterior (de un total de 63 escaños). Este resultado rompe el techo electoral de esta plataforma (obtuvieron un 35,3% de los votos en 2015) y revalida al presidente Gilles Simeoni como líder del nacionalismo pactista. Su objetivo es obtener un nuevo Estatuto político singular para la isla mediterránea, pero manteniendo en su programa la cooficialidad de la lengua corsa, algo que choca frontalmente con la Constitución francesa de 1957.

Los restos de los antiguos partidos regionalistas moderados, castigados por varios escándalos de corrupción vinculados a los procesos antimafia de hace una década en la isla, que al principio de la campaña parecían ser víctimas propiciatorias para su desaparición electoral, han sorprendido al presentar nuevos candidatos sin pasado judicial y reagruparse en una nueva plataforma política denominada A Strada per l'Avvene (Un camino para el futuro). Esta formación se ha convertido en la segunda fuerza electoral regional, obteniendo un 15% en primera vuelta y un 18,3% en la segunda vuelta, y 10 escaños en la Asamblea. Su líder, Jean Martin Mondoloni, es un político abierto a buscar acuerdos con el Gobierno de París para consolidar las instituciones isleñas, pero sin buscar nuevos marcos institucionales.

Las fuerzas republicanas han sido las grandes derrotadas de este ciclo electoral corso. Pero no todos han salido igual de perjudicadas. La derecha de Les Republicains, el partido que gobernó Francia hasta 2012 y las instituciones de la isla hasta 2015, ahora aliada con un partido local, el Comité Central Bonapartista, ha quedado en la tercera posición con sólo 6 escaños y un 12,77% de los votos en la primera vuelta y un 12,57% el pasado domingo, lo que les supone una pérdida de 5 escaños y verse relegados a una refundación de su mensaje de mantenimiento de los lazos de Córcega con el resto de Francia.

El partido del Gobierno central, la Republique en Marche, ha decepcionado bastante en su primera participación en unos comicios regionales desde su fundación. Aunque los liberales entran en la Asamblea de la isla, han obtenido escasamente 6 escaños, con un 11,2% de los sufragios en la primera vuelta y un 12,67% en la segunda, lo que les coloca como la cuarta fuerza política. El impacto mediático de ocupar las grandes instituciones centrales y los buenos resultados del presidente Macron en la isla en las presidenciales del pasado mes de mayo hacen que este resultado se vea como insuficiente para parar la deriva nacionalista de la política corsa desde 2014. Y es de prever que las tensiones en la negociación política entre París y Ajaccio irán en aumento a medida que se propongan los borradores de un nuevo estatus político para esta Colectividad, y el escaso peso político como partido local hará débil este flanco localista de LREM.

Pero la peor parte en las elecciones corsas se la han llevado la izquierda republicana y la extrema derecha. Tanto los miembros de La France Insumise como el Frente Nacional de Marine Le Pen quedaron eliminados en primera vuelta, al no alcanzar el 10% necesario (LFI obtuvo el 5,68% y el FN un escaso 3,28% de los votos), y pasan a ser fuerzas extraparlamentarias en la isla. El caso de los socialistas del PSF es todavía peor, ya que la crisis interna de la formación en toda Francia ha supuesto el que no fueran capaces de presentar una lista a las elecciones, lo que demuestra su descomposición desde la derrota electoral del pasado mayo.

Por su parte, los independentistas declarados también han quedado fuera de la Asamblea, al ser víctimas de la estrategia de unir votos en torno a la candidatura de Gilles Simeoni. Su partido, Rinnovu (Renovación), ha quedado fuera del reparto de escaños al obtener un escaso 6,69% en la primera vuelta y no haber sabido alcanzar un acuerdo para fusionarse con la candidatura ganadora.

La situación política corsa queda pues en manos de los nacionalistas, tanto de los radicales como de los moderados; aunque también el Elíseo y Macron deberán dirigir los trabajos para que la puesta en marcha de esta nueva estructura de poder regional, a partir del 1 de enero de 2018, no dé como resultado una mayor ruptura entre la sociedad corsa y la del resto de la Francia metropolitana. Es un reto complicado, porque la moderación está siendo cuestionada por los extremistas desde el minuto uno, tanto en París como en Ajaccio, pero Simeoni y su mano derecha, Jean Guy Talamoni, parecen haber rechazado las vías de la ruptura política e institucional con París para poner en marcha estas instituciones corsas. Sin embargo, el tema de la oficialidad de la lengua corsa –algo que exige el gobierno corso, pero que obligaría a una reforma constitucional totalmente descartada por el presidente Macron y su partido– puede romper estas vías moderadas de diálogo en los próximos meses o años.

El pasado 12 de diciembre, el ministerio del Interior nombró como su interlocutor para el inicio de las negociaciones con el gobierno de la isla a la viceministra Jacqueline Gourault, una veterana en la política regional proveniente de la derecha moderada. Córcega es un nuevo reto para el nuevo sistema político francés, que pronto se enfrentará al referéndum de independencia en Nueva Caledonia. Estaremos atentos a los vientos renovadores que vengan desde Francia y sus regiones en 2018. 

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