Análisis FAES Chile elige el camino del cambio

José Herrera Antonaya es director del área Internacional de FAES


Sebastián Piñera ha obtenido una contundente victoria en la segunda vuelta de la elección presidencial con alrededor de 3.800.000 votos, el 54,57% del total. Es la mayor votación obtenida por un candidato desde 1993. El candidato de la izquierda, Alejandro Guillier, en un gesto que le honra, lo ha calificado como “un impecable y macizo triunfo”, al tiempo que ha anunciado una oposición constructiva. 

Piñera ha logrado 700.000 votos más que en la primera vuelta, provenientes no sólo del sector conservador que había apoyado a José Antonio Kast, sino también de la mayor parte de los 300.000 votantes que sólo acudieron a votar en segunda vuelta. Además, ha contado con el respaldo de muchos antiguos votantes de la democracia cristiana que no comprenden el interés en mantener unas alianzas surgidas en tiempos de la Concertación y que han quedado obsoletas. Dichos dirigentes deberán tomar ahora la decisión de apoyar en el Parlamento las reformas del nuevo gobierno o de quedar relegados a una posición marginal del espacio político chileno. 

Tras una campaña electoral en la que se han podido constatar las profundas diferencias ideológicas entre los dos bloques, el centro-derecha sale muy fortalecido y tiene ahora la responsabilidad histórica de llevar a cabo sus propuestas electorales. Los chilenos han apoyado una agenda reformista llamada a modernizar la economía y transformar los ineficientes sistemas públicos de pensiones, salud y educación. 

En materia económica el nuevo gobierno pretende atraer inversiones mediante una agenda liberal que propugna una rebaja gradual de impuestos, más flexibilidad laboral, mayor competencia y menos trabas burocráticas e intervencionismo por parte de la administración. 

En el ámbito educativo propone reformas contra el intervencionismo estatal, destinadas a dar más apoyo a las familias y a la sociedad civil, más autonomía a los centros docentes y nuevos mecanismos de evaluación e incentivos centrados especialmente en la enseñanza primaria y en los alumnos más vulnerables. 

En salud se propone una profunda reforma del sistema de aseguramiento público para mejorar su eficiencia, principalmente en el ámbito de la atención primaria. Además, se fija como prioridad la lucha contra las listas de espera, estableciendo para ello la posibilidad de incorporar al sector privado como prestador de servicios en el sistema público. Igualmente se garantizará que los pacientes con enfermedades graves y terminales reciban una atención adecuada. 

Respecto a las pensiones, Piñera propone una reforma para incrementar el ahorro individual de los trabajadores (la cotización se eleva el 4%), lo que atenúa el impacto del incremento en el costo laboral al beneficiar directamente a las futuras pensiones del mismo trabajador y no a las de otros. En lugar de optar por un modelo de reparto, propone que el sistema se financie con impuestos generales y no mediante impuestos al trabajo. También introduce mejoras a las pensiones más bajas; las de aquellos que, estando en la clase media, cotizaron por un número considerable de años.

Finalmente, respecto a la reforma constitucional promovida por la izquierda, el presidente electo se muestra cauto y es partidario de que se mantengan las reglas e instituciones que han dado estabilidad y progreso al país durante todo el período democrático. 

En definitiva, se trata de una agenda reformista de gran calado que de ponerse en práctica transformará el país y ahondará la brecha entre las dos Américas, la del desarrollo, el progreso y las reformas de futuro que representan países como Chile, Argentina, Perú o Colombia; o la del retroceso y el fracaso que encarnan otros como Cuba, Venezuela, Nicaragua o Bolivia.

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