Zygmunt Bauman, in memoriam Rosa María Rodríguez Magda
10/01/2017

"Cuando muere un gran pensador se apaga una perspectiva de lucidez que iluminaba el mundo; si éste, además, como es el caso del recientemente fallecido Zygmunt Bauman, ha gozado de una larga vida, desaparece también la experiencia de la historia sufrida en propia piel.

Zygmunt Bauman (Poznan, 1925 - Leeds 2017) tuvo que escapar apenas adolescente de la ocupación nazi de su Polonia natal. Huido a la Unión Soviética, militó en el partido comunista. Tras la Segunda Guerra Mundial pudo volver a su país, donde ejerció como profesor en la Universidad de Varsovia, para ser de nuevo perseguido por su origen judío, esta vez por el régimen comunista. Tras una breve estancia en Tel Aviv, y un periplo intelectual por Estados Unidos y Canadá, se instaló definitivamente en Inglaterra, siendo profesor en la Universidad de Leeds y alcanzando la fama internacional.

Su trayectoria biográfica le dotó de una especial perspicacia en la denuncia de cualquier totalitarismo, pero, lejos de estar anclado en ello, su principal aportación se la debemos al análisis de la situación sociológica contemporánea, a la que volvió una y otra vez desde diversos prismas a través de su conceptualización-eje de ‘Modernidad líquida’. Tal fue el título de su libro Liquid Modernity, publicado en 2000.

Bauman percibió la crisis de la Modernidad y se prestó a analizar los cambios sufridos en sus nociones básicas: emancipación, individualidad, tiempo/espacio, trabajo y comunidad. No le convencía el fervor con que la filosofía de los noventa del pasado siglo había adoptado el marchamo ‘postmoderno’, pues le disgustaba en él una cierta prepotencia de zanjamiento. No percibía una ruptura sino una transformación global del tejido social, transformación que tampoco hallaba perfectamente captada en diversas denominaciones surgidas como las de ‘tardomodernidad’ (Giddens), ‘segunda modernidad’ (Beck) o ‘surmodernité’ (Balandier).

Las metáforas de liquidez y fluidez le sirvieron para caracterizar la nueva fase de la modernidad, una modernidad que en el fondo nunca había sido sólida, sino cambiante, pero que en la actualidad había acentuado sus “poderes de disolución”, concretándose no solo en la crítica a los grandes conceptos fundacionales de la modernidad, a su configuración política más o menos estable, sino que había descendido al nivel microfísico, impregnando las relaciones sociales, los procesos de subjetivación, la ética cotidiana.

Según nos describe, los individuos no encuentran normas rígidas a las que agarrarse y los poderes se vuelven más extraterritoriales. Si el Estado moderno se basaba en el territorio y en la soberanía nacional, el mercado fractura las fronteras y asistimos a una cierta venganza del nomadismo frente al sedentarismo. La acción social parece desmoronarse. Desintegración, huida, fragilidad, vulnerabilidad marcan un horizonte cada vez más envolvente. Cuando los Estados ya no son los depositarios plenipotenciarios de la razón, resta más que nunca la tarea de los individuos de volver a reconstituir su vida, los vínculos con los otros, una construcción común alternativa. El sujeto, no puede reducirse a un mero ente consumidor que proyecta en el consumo su realización, su felicidad y su libertad. El espacio/tiempo ha dejado de responder al trayecto y la reflexión para abotargarse en la instantaneidad virtual. El trabajo se supedita a la ingravidez del capital, se torna volátil, desencarnado. El precariado disuelve las antiguas clases burguesas y proletarias. Transitamos lo desechable y para el capital somos nosotros mismos lo desechable. El primado de la instantaneidad vacía de sentido la cultura y la historia. Frente al individuo aislado y la globalidad del mercado desregulado surgen reactivos brotes comunitarios que no deberían olvidar pasados errores totalitarios.

Bauman sabe lo que dice y lo que teme. Su obra, desde un cierto voluntarismo bienintencionado, se ha dedicado a desarmar los armazones conceptuales que nos sumergen en la futilidad y la inseguridad, para intentar apuntar nuevas experiencias vitales, que nos hagan recuperar el control sobre nosotros mismos y construir una sociedad convivible. Por ello, como homenaje a su esfuerzo y pórtico a la relectura de sus libros quisiera cerrar esta breve necrológica con algunas de sus palabras teñidas de esperanza, aquellas con las que concluía su obra Comunidad. En busca de seguridad en un mundo hostil: 'Si ha de existir una comunidad en un mundo de individuos, sólo puede ser (y tiene que ser) una comunidad entretejida a partir del compartir y del cuidado mutuo; una comunidad que atienda a y se responsabilice de la igualdad del derecho a ser humanos y de la igualdad de posibilidades para ejercer ese derecho'.

Una tarea exigente que Bauman nos ha dejado abierta”.


Rosa María Rodríguez Magda es filósofa y escritora

Zygmunt Bauman, in memoriam