Retos de la UE e incertidumbre en su relación con EEUU Javier Rupérez
08/02/2017

El 31 de enero, apenas tres días antes de que tuviera lugar en Malta la reunión informal de los miembros del Consejo Europeo –presidentes y primeros ministros de la UE a veintisiete, ya sin la presencia del Reino Unido–, el primer ministro polaco Donald Tusk les dirigía una carta cuyo texto servía tanto de orden del día como de dura descripción de los retos a los que Europa debe hacer frente y a los que describe como “los más peligrosos de lo que nunca han sido desde la firma del Tratado de Roma”. Los agrupa en tres amenazas, que concreta en “la nueva situación geopolítica en el mundo y alrededor de Europa” –China, Rusia, Oriente Medio, África, la nueva administración USA–; el “aumento de un sentimiento anti-UE, nacionalista y cada vez más xenófobo dentro de la propia UE”; y “el estado de ánimo de las élites proeuropeas”, capítulo en el que precisa: “Son cada vez más visibles la disminución de la confianza en la integración política, el sometimiento a argumentos populistas, así como las dudas acerca de los valores fundamentales de la democracia liberal”. Es una carta vehemente cuya aconsejable lectura en la web de la UE –http://www.consilium.europa.eu/es/home/– puede servir perfectamente de guía para conocer el índice de problemas que acosan a la UE en los tiempos que vivimos.

Es también una carta que, según las convenciones al uso, puede ser considerada como poco diplomática, sobre todo por lo que se refiere a la incertidumbre que ahora mismo rodea el futuro de la relación entre Europa y los Estados Unidos bajo la presidencia de Donald Trump. La misma reunión de Malta, fundamentalmente dedicada a los temas de la emigración hacia Europa, no tuvo en el terreno que había abordado Tusk en su misiva otra cosa que no fuera una breve y cuidadosa versión ofrecida por el mismo Presidente del Consejo y que de manera harto elíptica se refería casi en exclusiva a la importancia del mantenimiento del vínculo transatlántico. En sus respectivas ruedas de prensa, en general marcadas por la cautela, los miembros del Consejo se limitaron a reafirmar en diversos grados de convicción sus creencias europeístas, mientras evitaban términos que hubieran podido ser considerados como de confrontación frente a la administración Trump. No era difícil concluir que el presidente Tusk había sido desautorizado o al menos reconvenido en la contundencia de sus manifestaciones y que, en la gradación de las declaraciones consiguientes, era ya perceptible la existencia de una “Europa a dos velocidades”. En este caso marcadas por los diversos grados que desde la incertidumbre al rechazo provoca Trump entre los socios europeos. Es difícil imaginar cómo entre ellos pudiera encontrarse alguno que pudiera compartir lo que todavía en fecha reciente, el 27 de enero, le dijo el presidente americano a la primer ministra británica: “El Brexit será una maravilla para vuestro país, tendréis vuestra propia identidad y tendréis a las personas que queráis en vuestro país y podréis hacer tratados comerciales sin tener a nadie que os esté controlando”. Ni en inglés ni en español es un prodigio de riqueza lingüística, pero nadie le puede negar claridad en sus diseños.

Malta era la primera ocasión en que colectivamente los máximos responsables de los miembros de la UE expresaban sus opiniones sobre la situación creada en las relaciones mutuas por la elección de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos. Siendo una reunión informal, cuya agenda estaba situada en otros temas, no era esperable una declaración conjunta o una manifestación que englobara al menos la media de los sentimientos comunitarios. Pero entre la carta de Tusk y las declaraciones de los Ejecutivos sí cabe deducir, al menos de manera provisional, una conclusión: frente al showman que hoy ocupa la Casa Blanca, Europa se mueve entre la resistencia y el apaciguamientoEs posible que Trump necesite más de la primera que del segundo. De las experiencias del apaciguamiento mucho podrían decir los polacos, grupo al que no por casualidad Tusk pertenece, y países limítrofes. Mucho y poco bueno. No le falta razón al Presidente del Consejo en su advocación final: “Unidos resistiremos, divididos caeremos”. No es mala fórmula para tiempos de tribulación.

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Retos de la UE e incertidumbre en su relación con EEUU