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La crisis de Ceuta acredita una triste verdad: España es una gran nación aquejada de mal gobierno. Pedro Sánchez se ha mostrado, desde el 31 de julio, más preocupado por preservar a Marruecos de toda sospecha que de responder con solvencia a una situación explosiva. Empeñado en subrayar la condición de “socio leal y fiable” del reino alauita, su Gobierno ha tardado más de un mes en dirigirse a la Unión Europea, tras el asalto a una frontera que, además de nacional, es también comunitaria. Quiso hacer ver que en 48 horas se había vuelto a la “normalidad”; nada más falso: en Ceuta la convivencia se está degradando hasta extremos alarmantes. Despreció o minimizó todas las alertas que venían advirtiendo acerca de lo que se preparaba: avisos de las autoridades locales y también de sus propios servicios. Por lo demás, Ceuta y Melilla llevan tiempo soportando una estrategia de asfixia comercial y presión demográfica que, ayuna de respuesta, sale gratis a Rabat.

“Estoy en Ceuta para manifestar mi total apoyo y solidaridad con nuestros compatriotas ceutíes y mi respaldo al presidente de la Ciudad Autónoma Juan Jesús Vivas. Sumo mi voz a la imprescindible unidad en el apoyo a Ceuta.
En Ceuta se ha violado la integridad territorial de España. Por eso, la primera obligación que debe asumirse es la de recuperar el orden, la seguridad y la normalidad, tan notoriamente conculcados desde hace ya más de un mes.
Apoyo completamente las medidas propuestas por el presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo. Quien asalta nuestra frontera no puede permanecer en territorio nacional…

La situación que se está viviendo en Ceuta es completamente intolerable. La avalancha migratoria está desbordando por completo la frontera. Un hecho inconcebible si no estuviera teniendo lugar con la connivencia y ante la pasividad culpable de las autoridades marroquíes. En este sentido, y a la vista de los precedentes, las peticiones de Juan Jesús Vivas son del todo pertinentes: más allá de precisiones jurídicas, estamos materialmente ante una emergencia nacional que hace necesaria la presencia del Ejército.

Terminadas de redactar estas líneas, el presidente Trump, en el marco de las celebraciones del 250 aniversario de la independencia de los Estados Unidos, hacía alusión a la historia de España y a su pérdida de territorio en Norteamérica, ignorando, con toda seguridad, su decisiva contribución a la independencia que conmemora. 

El artículo analiza críticamente la gestión de Pedro Sánchez desde 2020, cuando la pandemia facilitó la concentración del poder ejecutivo. Presenta este periodo como el inicio de una forma de gobernar basada en el fomento de la excepcionalidad, el decreto, la polarización y el uso patrimonial de las instituciones. Sostiene que Sánchez ha subordinado las instituciones, el PSOE y la acción del Gobierno a su permanencia en el poder.

Con motivo del 150 aniversario de la Constitución de 1876, el autor destaca sus paralelismos con la Constitución de 1978: ambas surgieron de transiciones tras dictaduras, orientadas a superar conflictos y divisiones políticas para lograr una legalidad común. Así, presenta la constitución de inspiración canovista como expresión de una Monarquía liberal de conciliación y alternancia partidista, en absoluto incompatible con la democracia.

España recibió una oportunidad histórica con los fondos Next Generation EU, pero el Gobierno la ha desaprovechado con una gestión centralizada, opaca y plagada de incumplimientos. Sin consenso político ni participación real de comunidades autónomas y ayuntamientos, el plan derivó en retrasos, baja ejecución, falta de trazabilidad y reformas sin el impacto prometido. La renuncia a 61 000 millones, el atasco burocrático y el uso cuestionable de los recursos confirman el fracaso de un modelo que no transformó la economía ni llegó con eficacia a empresas, pymes y ciudadanos. La Comisión Europea, al priorizar la rápida transferencia del dinero y mirar hacia otro lado, comparte una responsabilidad decisiva. España ha perdido una ocasión irrepetible para modernizarse, crecer y reforzar su posición en Europa.

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